La esperada “vuelta a casa” nada tuvo que ver,  en realidad, con esa fantasía creada Kilómetro a Kilómetro  a lo largo y ancho del Planeta.

El problema fue, básicamente, que los planes no salieron como debían. El barco que portaba a Naranjito   se retrasó considerablemente por lo que no me quedó más remedio que ir a casa y esperar, rompiendo así la magia de la llegada por carretera junto a mi querido compañero de aventuras.

Se perdió así gran parte de la emoción, de la alegría y de los nervios.  Yo, personalmente, me veía  llegando a la Torre de Hércules subido triunfante  a mi Naranja Rocinante y siendo esperado por familiares y amigos. Pelos de punta, alguna que otra lágrima, besos con abrazo, fotos, muchas sonrisas.

No quiero decir que no haya sido emotivo.  Ni que no agradezca de todo corazón a todos los que me acompañaron (e incluso me escoltaron Vespa en mano) en ese momento, no. Lo que quiero decir es que habiendo visto, charlado e incluso salido de cañas con la mayoría, la foto oficial de FIN DE VIAJE, a los pies del monumento más internacional de la ciudad, fue casi que un mero trámite para cerrar un ciclo rodeado de la mejor compañía posible. Era algo que había que hacer simple y llanamente.

En cualquier caso, como todos os imaginareis,  lo más difícil llega ahora. Vivir con los pies quietos, sobre una cama con baño de agua caliente, con la nevera llena y con mi Citroen  parado en algún lugar  y alejado de la lluvia que no tardará en llegar.

¿Tardaré en conseguir aburguesarme de nuevo? ¿Me escaparé a la primera de cambio?

¿Cuántas veces me habrán preguntado  a lo largo de estos 4 años de carretera sobre mis planes de futuro una vez llegase a casa?  ¡No exagero si os digo que miles! Y tampoco exagero si os digo que nunca supe qué responder ante semejante interrogante. Y ahora, de repente, recién llegado,  me veo ante esa situación que siempre esquivé, ese problema que tan poco sentido tenía cuando estaba en la carretera y que de un día para otro, estando ya de nuevo en el punto de partida, se ha convertido en la mayor de mis prioridades. Decidir qué es lo que quiero hacer con mi vida ahora.

Son miles las posibilidades, o millones o infinitas, pero debo decantarme por una. Por un solo camino que siempre puede y debe cambiar. Debo decantarme, escoger Mi Camino. Escoger quién quiero ser, quién quiero llegar a ser.  A dónde quiero llegar. Qué es lo que quiero ver y de dónde quiero aprender.

¡Pero qué tarea más difícil y atractiva y  emocionante! Es hora, de nuevo, de volver a reinventarme.

El Viaje de mi Vida, como ya os había dicho en alguna entrada pasada, no termina; simplemente debo escoger hacia dónde girar. Hacia el camino de tierra y polvo que va hacia la derecha o la pista asfaltada y rota que se pierde a  mi izquierda, o quizás, por qué no, saltar y correr campo a través en cualquier dirección hasta que alguna inesperada sorpresa (valga la redundancia) me convenza de que estoy ante la solución.

Mis últimas “palabras” antes de decidir que giro le doy al blog para que  este siga vivo, que sean las siguientes:

“ORGULLOSO DE MI, Y DE TI,NARANJITO. VUELTA AL MUNDO CONSEGUIDA”

 

 

P.D.: Los dos primeros comentarios de esta (para mi) triste  entrada, me han obligado a añadir unos párrafos a la publicación inicial.

Además quisiera robar a Manu Boedo la frase de su filósofo, y usarla como final esta vez:

 “Cuando te acercas un paso hacia la utopía  esta se aleja un paso, cuando te acercas dos pasos, esta se aleja dos pasos. Para eso sirve la utopía, para caminar”

definitivamente voy a comprobarcómo me sientan las viejas botas, ¡y de nuevo a caminar!

Gracias por viajar conmigo. Gracias!

 

 

 

Antes de proseguir con los esperados últimos diarios de este primer viaje de locos, me gustaría invitaros a conocer a Naranjito este fin de semana en la Torre de Hércules de A Coruña.
La cita tendrá lugar en el popular faro coruñés este Domingo día 16 a las 19:30 de la tarde después del partido del Deportivo.

Os esperamos cámara de fotos en mano.

Jorge y Naranjito…

 

P.D.: Habrá  futuras reuniones en ciudades como Vigo o Santiago próximamente.

Estas líneas que ahora escribo, forman parte de una entrada muy especial para mí.

Esta vez no pretendo hablaros vagamente de la nueva vuelta al cuentakilómetros de Naranjito …

… ni de mis dos días recorriendo ferry tras ferry y playa tras playa los Outer Banx de Carolina del Norte.

Tampoco pretendo hablaros sobre mi paso por la magestuosa y entretenida ciudad-estado de Washington DC,

…ni tan siquiera sobre mi solitaria pero emotiva llegada al estado de New York y a la isla de Manhattan en concreto.

No.

Esta vez no.

Esta vez, estas líneas, esta triste entrada, la voy a utilizar para daros la explicación que os merecéis y que tanto he tardado en daros.

Aunque me cueste, aunque lo sienta en el alma, aunque tarde un par de minutos en pulsar cada una de las letras que mancharán esta carta, he de deciros que hace un par de días Naranjito partió del puerto de Nueva York  rumbo a Espana. Rumbo a Galicia. Rumbo a Vigo y rumbo a casa.

No es fácil para mi ni pronunciar ni escribir estas palabras. Pero después de cuatro anhos en la carretera y sintiendo lo que siento hoy por hoy. Es lo que  debo hacer. Es mi obligación.

La vuelta a casa es ya una realidad. El próximo paso de esta historia que  hasta el día de hoy, estaba aún abierta. Sin un final cercano.

Y no estoy triste. No. O mejor dicho, no solo estoy triste. También estoy muy contento. Contento de haber hecho lo que siempre he querido. Contento de haberle dado “lavueltalmundo” y de sonreir para contarlo.

Soy feliz por que siento que después de viajar por más de 60 países durante cuatro anhos a bordo de mi viejo y fiel Naranjito, voy a volver a casa con los mios por ser esto lo que más me apetece. Lo que más deseo y quiero.

Al tomar esta decisión debo pensar únicamente en mi. Tan solo en mí. En nadie más. Y eso es lo que estoy intentando hacer. Por difícil que sea.

Por otro lado, también es mi obligación confirmar que esto no es un punto y final sino otro corto y aliviador punto y a parte. Otro capítulo de esta historia a la que, podéis creerme,  le queda mucho que gritar. Mucho que aprender. Mucho que compartir. África y Mongolia serán los próximos retos!

De hecho, cuando escogí para este “malescritodiario” el nombre de “El Viaje de mi Vida”, no me referí en ningún momento a un viaje en concreto por espectacular que este fuese, si no, por lo contrario, al hermoso viaje de estar vivo.

Entiendo que la vida es el viaje único al que todos a nuestra manera nos enfrentamos desde el minuto uno. Un libro con todas sus páginas en blanco que, con nuestros pasos, con nuestras huellas, con nuestro estilo, debemos ir rellenando con letras, formas, trazos y colores a nuestra elección.

Es mi vida y es mi viaje! y así lo grito a los cuatro vientos. Vientos a los que por cierto, agradezco de corazón el terrible esfuerzo realizado para que todos vuestros abrazos y buenas (y malas) palabras, todas vuestras caricias y vuestros buenos deseos me llegasen en pequenhas dosis cada tres días y cuatro noches. Como os he dicho en numerosas ocasiones, vosotros los lectores, habéis sido el mejor companhero de viaje que pude haber tenido.

No es increíble la relación que hemos llegado a tener pese a mi poca constancia a la hora de escribir?

A tan solo unos cuantos os pongo cara. A otros en cambio, de tanto leeros, os imagino. A muchos ya, a estas alturas, os considero buenos amigos. A todos os doy las gracias.

Gracias sobre todo por haber creido en este suenho que empezó siendo solo mío y que ahora es ya de muchos. Por haberme escrito en tantos y tantos malos momentos para  convencerme de que lo que estaba intentando, aunque incluso a mí en esos momentos me pareciese una locura, era lo correcto. Por valorar lo valorable y por criticar lo criticable. Por renhirme cuando lo merecía y por preguntar dudas cuando estas se presentaban. Por comentar y hacer que el contador, gracias al boca a boca, llegase a recibir en un solo días más de 6000 visitas oficiales.

Bueno, en realidad, no sé si quiera que es lo que quiero escribir, por lo que lo voy a dejar hasta que las palabras lleguen solas. Quizás esten viajando junto a Naranjito, atravesando el Océano dentro de ese contenedor metálico tan oscuro y frio. Haciéndole companhía.

Prometo escribiros muy pronto palabras cargadas de sentimientos. Que esta entrada cumpla el objetivo inicial. Que sirva tan solo para informaros de cómo están las cosas en estos momentos y nada más. Seguro que desde Espanha, mirando todo esto desde otra perspectiva, puedo expresarme mejor y aunque sea tan solo un poco, haceros sentir lo que yo siento.

Triste pero contento,

Jorge sin Naranjito.

 

 

El breve paso por la ciudad de New Olreans  me mostró una cara más del enorme país norteamericano.  En ella, negros y blancos conviven casi sin tocarse en sus diferentes barrios donde  juegan a mantener sus culturas nativas vivas.

Es sorprendente ver como tras varias generaciones compartiendo el mismo suelo y el mismo cielo, las mismas colas, los mismos restaurantes de comida rápida y  problemas de sobrepeso, todavía puede uno estar en territorio de unos u otros dependiendo de la calle que camine en la gran urbe. Y es increible e intolerable también, en cualquier caso, saber que esta distinción es consentida y hasta estimulada por el todavía racista cuerpo de policía.

Los negros, con  sus sonoros instrumentos de viento alegran los paseos en el downtown, bailan ritmos pegadizos en grupos bien formados a la entrada de ciertos bares y restaurantes y los ninhos de procedencia más humilde crean ritmos  acelerados golpeando las latas aplastadas y atadas  a sus zapatos  contra el asfalto.  Mientras tanto, y en cualquier otra parte, no muy lejos de allí, quizás a una o dos calles, los blancos hacemos  cosas de blancos.

No quiero que parezca que no me gustó la ciudad. Por lo contrario debo decir que me encantó. Es un lugar mágico, único, especial. Ni que prefiero un color a cualquier otro. Todos sabeis  que  no es así.

Durante los días que por ella levité, me sentí felizmente fuera de contexto en muchas ocasiones en las que me vi rodeado por una amigable cultura afroamericana moderna. Disfruté de sus escandalosos bailes y de sus acaloradas y exageradas discusiones. De la búsqueda de caimanes por los pantanos y también del ataque indiscriminado de aquellos insectos desconocidos cuando ya Casey y yo desistiamos de encontrar alguno de  los grandes lagartos. Me gustó por supuesto celebrar sobre una pedaleta la gran fiesta del 4 de Julio, perderme los famosos fuegos artificiales por un interminable e inesperado atasco y como no, el conocer un poco más a fondo el desastre de aquella turista caprichosa de nombre Katrina.

Pero llegó con el paso de los días el momento de partir y partí.

Dejé atrás esta ciudad que tanto le gusta a mi buen amigo Edu(K2).

Atravesé despacio pero deprisa los estados de Mississippi, Alabama y Georgia para parar en South Carolina, en la ciudad de Charleston, en casa de unos ya buenos amigos.

Acampé. Esquivé gigantes de 4 y 6 ruedas y crucé cientos de puentes imposibles. Una aranha me picó en la pierna quitándome el suenho por toda una noche y por fin, de la mano de Efrain, “Bela”  y de sus roomates Larissa y Toro, saludé a mi gente desde el otro lado del Océano Atlántico, un momento realmente especial para mi.

Parece que por fin se acerca el momento de embarcar de nuevo a mi companero naranja hacia un puerto allí al otro lado, y coneguir cerrar otro ciclo importante de este suenho que ya es vuestro también.

Me siento contento y tranquilo. Entre amigos, hablando castellano, riendo con historias de viajes, y comiendo helado tailandés frito. Con los mapas  de Washington y de New York encima de la mesa y el google trabajando a fondo.

Ya queda menos queridos lectores. Ya queda menos…

Tal y como estaban las cosas en mis primeros días  en USA. Debido a mis no tan buenas impresiones de recién llegado. Mi experiencia me gritó al oido que era necesario el movimiento para no desesperar. Por este motivo me encomendé a mi Naranja Rocinante, y a su “suave galope de lento trotamundos” para recorrer uno a uno los miles de Kilómetros que me separaban de New Orleans, mi nueva ciudad a conquistar.

Tardé dos largos dias en llegar e hice noche en un pueblo rodante que encontré a mitad de camino y donde no me quisieron cobrar por poner la tienda de campaña unas horas.

Esta experiencia, por pequeña e insignificante que parezca, el verme rodeado por un entrono tan desconocido para mi, terminó de darme el tirón de orejas necesario para dar un pasito atrás, y ya con más perspectiva darme cuenta de que yo era el único culpable de las sensaciones de los últimos dias. En realidad, me pare a pensar un rato despues de hablar con los salvajes adolescentes del campamento “gitano”, y me surgio la siguiente pregunta, ¿Quien carallo es estados Unidos para determinar mi estado de animo?

En cualquier caso, decidí que la cosa no podía seguir así.

Y además. ¿podrá haber un mejor lugar para recargarse de buenas energías que New Orleans?

(junto a Casey y a Adelaide frente a su casa)

(música callejera !!!!)

(fachadas en elBbarrio Francés)

(el arte de Banksy)

(los efectos del Katrina)

(los pantanos al sur de la gran ciudad)

 

Cuando llegó el momento de afrontar la supuestamente complicada y acosadora frontera de Los Estados Hundidos de América, cuando ya todos mis papeles mexicanos estaban cerrados, muy despacio y cumpliendo con todas las medidas de seguridad establecidas me situé  en la fila de la derecha del Puente de Laredo número 1 que parecía ser la más rápida en ese momento. Por supuesto esto cambió en cuanto me situé y las dos filas de mi izquierda comenzaron a moverse a buen ritmo.

Tras media hora de calor y deshidratación me llegó el momento y el primer oficial se acercó a la ventana, me saludó muy amablemente, me pidió los papeles y me preguntó de cinco maneras diferentes cómo y porqué había llegado a USA conduciendo mi propio vehículo.

Escuchó mi respuesta muy atentamente  mientras fruncía el ceño para mostrarme su desconfianza, y cuando terminé mi alegato, con una sonrisa de oreja a oreja me entregó un papel que decía “Inspección vehicular”.

Con este papel por delante llegué al segundo control donde sin tan siquiera mirarme me mandaron a obtener el permiso de entrada al país donde hice cola por dos horas a pleno sol. No tardaron mucho en darme el permiso y el único incidente mencionable fue  el scaneo que me realizó un perro gordo  color café  gobernado por un oficial igualmente gordo  de la vieja escuela, de esos que piensa que rastas es un sinónimo de traficante de drogas.

Volví al segundo control y un experto en detonaciones (lo digo por su vestimenta) me hizo unas veinte preguntas sobre el viaje y el mundo árabe en general (a Irán lo metía en el saco de los árabes también). En ningún momento inspeccionó el coche. me dió mi pasaporte. Señaló la salida y se despidió de mi con un sonoro ” i love your car man”.

Mi primera misión una vez estuve  legalmente en territorio “gringo”, la de conseguir el obligatorio seguro para vehículos, la fallé debido a la imposibilidad de que ese “tal sistema” que me lleva metiendo la zancadilla desde que salí de España, no aceptase ni mi matrícula, ni mi carnet de conducir internacional, ni mi número de la seguridad social (que a saber desde cuando está caducado) en su moderna base de datos.

Era momento de arriesgarme y así lo hice conduciendo sin papeles hasta San Antonio, donde un amigo de una amiga me esperaba en su casa para presentarme así de sopetón todo lo referente al “Glorioso País de la Libertad”…

Junto al bueno de Jeff,  me inmiscuí en el despampanante  estilo de vida de San Antonio para al segundo día, definitivamente, darme cuanta de que no era lo mio. De que no me gustaba. De que yo allí sobraba.

Todos los “clichés” habidos y por haber sobre la retrograda Texas se presentaron ante mi para escupirme en la cara mientras me veía rodeado por un ejército de hombre mujeres y niños super obesos que caminaban a duras penas en dirección al Mcdonals.

Tardé una semana en convencer a una aseguradora de que me hiciese un seguro aunque en el no apareciese ninguno de los datos realmente importantes, y en cuanto pude eche a volar aprovechando que pasaba por allí una corriente de aire caliente con dirección Austin.

Por suerte para mi, de casa de un buen amigo como fue Jeff caí en casa de otro grande, un artista local de nombre muy cinematográfico, Mr. Tony Romano, con el que pude cambiar un poco mi hasta el momento terrible opinión de USA.

Austin me pareció una ciudad mucho más interesante que San Antonio.. Allí la gente de repente hacia ejercicio, intentaba comer bien, se interesaba por la música y por las artes y no tan solo por la nuevas ofertas de 2×1 del 7eleven de la esquina.

Lo mejor hasta el momento, además de mis dos anfitriones, los “coches restaurante” de Austin y su diversidad (internacional) de recetas “gourmet” al precio de todos, y las sabrosas y algo más caras cervezas artesanales de esta interesante ciudad  cuyo State Capitol es el más grande de la nación incluso por delante del homologo de Washington DC.

Tan solo, por ahora, antes de que me deprima contando mis primeras impresiones aquí, una cosa más: ECHO DE MENOS AMERICA LATINA!

 

 

En cuanto conseguí empacar todos los sentimientos y experiencias en la bolsa de viaje y sacar de ella a todos mis “muy mejor amigos”, me encontré listo para abandonar la cariñosa Ciudad de México.

En realidad, me despedí de  todos los amigos con excepción de Enrique, que decidió subirse a Naranjito con el título compulsado de “polizón a bordo” para así  mostrarme un par de maravillas más de su querido país.

Juntos partimos. También revueltos. Alegres. Riendo mucho. Grabando mucho y fotografiando mucho.

Así, con tan buenas energías, de repente ya estábamos en las Pirámides de Teotihuacan. Lugar mágico sin igual donde pude aprender un poco más de la historia precolombina. De su arquitectura. de su cultura. De sus etnias y también rivalidades.

Pasamos poco tiempo en ellas, seguro menos del necesario para conocer el lugar como es debido. Aún así, aprovechamos bien el tiempo y  no nos arrepentimos ni lo haremos de las decisiones tomadas en la ruta. El viaje debía continuar tal y como desde un inicio habíamos planeado  hasta la ciudad de Queretaro donde llegamos para pasar la anoche.

Allí, en Queretaro, de nuevo me dejé sorprender por la indescriptible belleza de su centro histórico. Por sus plazas, sus fuentes, sus iglesias y su abundante comida callejera tan grasienta como picante y que tanto voy a extrañar en los próximos meses.

Lo mejor, los últimos días de convivencia con Enrique y su familia, un buen amigo del que me despido con la intención de volver a verlo lo antes posible en cualquier otro lugar  y al que siempre estaré agradecido por su cordial y atento trato las 24 horas del día al más puro estilo “mexicali”.

La despedida nos costó tanto a mí, como a mi “Naranja Rocinante”, que a tan solo unos pocos Kilómetros, en la entrada de San Miguel de Allende, se detuvo para no volver a arrancar. Con la batería totalmente descargada me acerqué a un eléctrico cercano para hacer el chequeo y descubrir que la correa del alternador se había soltado. Un problema con muy fácil solución que me permitió encontrar  antes del atardecer una linda posada donde descansar una noche con la intención de dar un vistazo rápido al pueblo y partir al día siguiente rumbo a la vecina  Guanajuato.

Y digo con la intención por que esto de salir en un día de San Miguel, nunca sucedió. Los mismos trabajadores del parking donde durmió el coche, al enterarse de mis crueles intenciones de abandonar sus amada calles así tan deprisa, me informaron de que ese mismo fin de semana tendría lugar una de las fiestas mas importantes de la ciudad conocida como El Carnaval de los Locos, y claro, con un nombre así, y dadas las circunstancias, pues creí conveniente el confirmar mi asistencia…..

Busqué alojamiento en couchsurfing.org y esa misma mañana del segundo día me mudé a casa de Jayne, una mujer estadounidense que pasa su jubilación tranquilamente en uno de los barrios tradicionales cercanos al centro histórico y con la que compartí unos cafés maravillosos con atardecer y azúcar moreno desde la terraza de su propiedad.

(esta foto se la robé a internet, yo me dediqué a grabar en vídeo todo el desfile….sorry)

Disfruté del desfile, visité y aprendí del proyecto y la iniciativa de  viaorganica.org  y volví despacito a la carretera.

Conocí a la carrera la colorida  Guanajuato,

el pueblecito de Real de 14 , situado en pleno desierto, en el Norte del país…

…y la ciudad de Saltillo junto a mi buen amigo Juan Pablo y su hermosa familia,  antes de intentar cruzar la frontera de Nuevo Laredo y comenzar la aventura estadounidense.

 

 

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