Ayer las lluvias pudieron con nuestro ascenso por la costa Este de Grecia. Llegamos a media tarde a la localidad de Kokino Nero donde decidimos pasar la noche en un bebedero cubierto y con luz.

Montamos las tiendas de capaña dentro y el remolque que llevan los chicos de URUGUAYPORELMUNDO nos sirvió de cocina y de mesa. La gene no paraba de venir para recoger el agua roja que manaba del suelo y que por su terrible holor y su extraño color confunimos con aguas fecales.
Uno de nuestros visitantes fue un rastafari de risa floja vestido con pantalones y chaqueta militar. De su nombre no me quiero ni acordar. Aseguraba haber matado a su hijo, a su novia y a un tercer tipo que por rumores pensaba le quería matar a él.
Al principio pensábamos estaba de broma. Vino con una bolsa de marihuana bastante bastante grande. Nuestros viajes le interesaban notablemente.
En un momento de la noche llamó a Miguel y cuando este se acercó le sacó un cuchillo grande y feo como la madre que le parió. A mi compi casi le da un infarto. Matias, el pequeño de los uruguayos, más asustado todavía, repetía por lo bajo: “te va a matar, te va a matar”. Yo no daba crédito a mis ojos.
Al rato, después de bebernos todas nuestras existencias de Ouzo se fué sin mediar palabra dejándonos la marihuana como regalo. Apenas conseguí dormir; Estaba muerto de miedo.
A la mañana siguiente cuando el susto se estaba marchando apareció Susan. Una hippie de unos 65 años que nos llevó a las termas de agua roja, a ver su criadero de caballos y a las cataratas donde me caí con todos los complementos al agua. Una mujer maravillosa que vivía desde hace más de 15 años en una tienda de campaña. Según ella no necesitaba nada más.


Después del especacular baño decidimos partir hacía el norte. Todavía queda un largo camino hasta Sofía, la capital de Bulgaria.