Atras queda Damasco.
Por delante tan solo arena.

Desierto.

Un calor que asfixia.
Que quema por dentro y por fuera.

Es duro el camino, pero la recompensa merece la pena.
Llegamos a Palmyra sin poder pronunciar palabra.

Me cuesta creer lo que mis ojos se empenan en mostrarme.



Que hace todo esto aqui?



Pasamos un buen rato con los ninos y continuamos el viaje hacia el norte.
Hacia lo desconocido.
Hacia un punto rojo en los mapas.
Hacia una tierra llamada Iraq.

En mitad del camino el rio Euphrates nos regala un atardecer irreal.

Y cuando mis ojos ya no quieren seguir conduciendo, ya bien entrada la noche, paro y pregunto a un hombre pequeno y simpatico si podemos pasar la noche en su terreno.
Dice que si. Y su esposa que no.
Sabiamos que nos teniamos que marchar cuando en una motocicleta mas vieja que el carajo llega Esmael ,”el hombre que sabe ingles” y nos dice muy serio: “Recoged vuestras cosas y seguidme, esta noche dormis en mi casa”.
Tal como os lo cuento.
Pasamos gran parte de la noche hablando de todo un poco. Religion. Politica. Viajes. Fue precioso.
Una de las noches mas magicas de todo el viaje.
Jamas podre olvidar a estas buenas gentes del desierto.
Primero los mas jovenes nos sirvieron la cena en el tiempo en que los mayores rezaban en la Mezquita.




Y despues vino lo mejor.
La charla con los hombres de la familia.

En esta foto y de derecha a izquierda Esmael, uno de sus hermanos, uno de sus primos y el “Gran Jefe”, el que todo sabe y al que todos obedecen, el hombre mas viejo de la Familia.

Llegada la madrugada nos quedamos a solas Esmael, otro de sus hermanos, el “Hombre Mezquita” , Alex y yo tomando te y cafe…


…mientras nos explicaban con detalle que es para ellos el Islam.
Todo esto en la habitacion donde pasariamos la noche compartiendo alfombra y ventilador con el joven “Hombre Mezquita”.
Esta noche me cuesta dormir.
Mi cabeza trabaja. Piensa. Imagina.
Con que nos sorprendera manana el desierto?
Que nos espera en el Kurdistan Iraqui?