Para que Jorge viese como sería el viaje desde el inicio y así evitar futuras quejas, en cuanto dejamos Lima busqué un lugar para acampar en mitad de la nada a escasos metros de la carretera. Uno de esos lugares que solo me gustan a mi.

Para mi sorpresa, ¡al muy cabrón le encantó!, momento en el que me di cuenta de que lo íbamos a pasar de carallo juntos estos veintipico días de viaje.

Un café bien cargado y a visitar las ruinas de Sechín, donde los dos Jorges nos dejamos impresionar por las posibles similitudes entre las culturas peruanas y orientales precolombinas.

El caso es que las piedras grabadas de la fachada de este monumento, cuya antigüedad está datada en unos 4.000 años aproximadamente podrían representar  héroes mitológicos de la tradición china  como ”Yu El Grande, Niu Kua y Fo Hipareja”, a quien se atribuye la invención de los trigramas y hexagramas del I-Ching, base de todas las ciencias orientales.

Pero esto no lo es todo, aquí también conocimos una interesante teoría que dice que el nombre de Perú vendría siendo una adaptación de la palabra china “pelú” que significa bruma. Y para el que haya visitado esta zona costera de Perú no le parecerá coincidencia ya que desde que salimos de Lima esta famosa y húmeda bruma no nos ha dejado ver el sol al acompañarnos durante todo el camino.

¿No es increíble?

Con la cabeza llena de información hicimos una corta parada en el Balneario de Tortugas para disfrutar de los diferentes estilos de pesca de las aves locales….

…y continuamos el viaje para por una vez  cumplir lo planeado y dormir en el puerto de Huanchaco a escasos Kilómetros de Trujillo.

En esta tranquila y surfera localidad nos entretuvimos grabando y fotografiando sus peculiares embarcaciones pesqueras llamadas “caballitos de totora” en estos momentos en peligro de extinción a causa de los modernos y asfixiantes sistemas de pesca.

De allí a Trujillo….

…y de Trujillo a la ciudad de barro más grande del planeta, Chan Chan;

Donde a la salida conocimos a la familiacolombianaviajera más linda que he conocido, Wilson, Cata y el pequeño Nicolás y su país de Los Helados.

Con ellos tras una preciosa charla y un intercambio deregalitos decidimos ir juntos a visitar la Huaca de la Esmeralda situada en la misma localidad.

Allí para terminar en sobresaliente alto la jornada nos encontramos a Mónica y Nene viajando desde Argentina a Norteamérica en 4×4.

¡ Ahí tenéis a los 3 pequeñines! Bonito, ¿verdad?

Al día siguiente, visitamos la Huaca de la Luna,

la tumba de La Señora. del Cao en Magdalena del Cao,

el Señor de Sipán y su imponente museo,

y el resto de pueblecitos costeros encantadores hasta llegar a Máncora, la playa donde por fin descansar unos cuantos días.

Ahora, una vez dejados atrás los gigantescos Andes, la ruta es más fácil y rápida. De Nazca a Ica y de Ica al Oasis Huacachina en un abrir y cerrar de ojos, ¿qué son 7 horas de viaje en una vuelta al mundo?

Cuando llegué mi compañero de viaje Ilario (http://www.vespanda.com/) ya había conseguido un lugar para acampar y juntos conocimos el oasis y sus alrededores durante un día y medio.

El lugar es muy espectacular aunque tanto 4×4 tanta moto y tanto alcohol hacen de este paraíso natural unsimple  lugar de paso para nosotros dos. En realidad, merece la pena alejarse y mirarlo todo desde otra perspectiva. Desde el silencio. Desde la tranquilidad.

El siguiente buen puerto a donde llegamos fue Paracas, donde después de pasar una noche a escasos metros de mi añorado mar, visitamos el Parque Nacional con el mismo nombre donde esta vez sí, pudimos salirnos de la carretera y disfrutar de un paisaje maravilloso en compañía tan solo de nosotros mismos y de vez en cuando de algunos pelícanos y  aves carroñeras bastante antipáticas.

Antes de llegar a Lima y separarnos por un tiempo, decidimos hacer una cata de vinos y comprar reservas para la despedida. Probamos todos los vinos que tenían en exposición y casi casi que tenemos que pasar allí la noche.

¡Menudo personaje que es este Ilario carajo!

En la capital nos dijimos adiós por un tiempo y cada uno se dedicó a sus propio asuntos. Yo, contacté con CITROEN y de nuevo recibí su incondicional ayuda al mismo tiempo que me reencontraba con Oskar y Lola, Jorge (un buenamigo de A Coruña que viene a pasar un mes con migo y Naranjito) y con Simbad (un pirata del sur de españa  con el que en su día viví más de una aventura y que en estos días vuela a casa).

Todo Lima, incluidos los medios de comunicación se portaron de maravilla conmigo. En especial, una buena amiga de mi hermano mayor y también del resto de mi casa que junto a toda su familia me trataron como a un auténtico rey. Encontrar gente así, es por lo que yo sigo empeñado en viajar.

¡Un millón de gracias Karen, Andrés y familia!

¡Jamás os olvidaré!

A llegar a Nazca los altos precios de las avionetas y la no muy buena experiencia de Ilario (que había probado suerte un día antes)  me convencieron  para dejar de lado las famosas  lineas (que siempre pensé se ven mejor desde Internet) y centrarme en otras atracciones de la zona mucho menos conocidas.

Primero visité otras lineas llamadas “Las Agujas” y perfectamente visibles desde una colina cercana y muy poco conocidas por los turistas.  Desde allí arriba me surgió una pregunta muy pero que muy poco original. ¿Cómo y para qué carajo harían los pueblos Nazcas todos estos dibujos? en fin…

Los Acueductos también me impresionaron al tratarse de una obra de ingeniería hidráulica anterior incluso a la llegada de los incas con la que los pueblos del Valle de Nazca transportaban agua desde la zona andina.

El agua llegaba por canales subterráneos para que se mantuviese fresca. Los  agujeros en forma de espiral que muestro en las fotografías no son si no respiraderos para oxigenar y limpiar el agua antes de ser usada.  Increíble, ¿verdad?.

La última visita antes de partir hacia Ica y encontrarme de nuevo con Ilario fue el cercano cementerio de momias al que llegué (de milagro) gracias a las indicaciones de Teresa, una nueva amiga, y su mascota.

Aunque me las hubiese llevado a ambas de viaje mi estrategia no dio resultado y después de caminar entre huesos rastafaris, niños momia y cerámicas rotas y dispersas por todos lados de nuevo solo, sudando la gota gorda y con un precioso abrazo puesto me fui hacia un punto rojo en mi mapa llamado Ica.

Una vez visitado el Machu Pichu volvimos a Ollantaitanbo para recoger el campamento y salir hacia Nazca, pero no contábamos con que antes que nosotros había llegado “El Maestro”. Cuando lo conocimos muy seriamente nos invitó a pasar al Koricancha (lugar según él donde uno entra siendo piedra y sale siendo oro) para realizar una bellísima ceremonia con palo santo, ojas de coca, cánticos y mucha mística donde dimos gracias al “padrecito sol”  por su calor y energía. Acabado este ritual Ilario y yo fuimos invitados a quedarnos un par de días más en el centro y así ayudarles a hacer pan y venderlo en el pueblo. Este es su único ingreso cuando el centro está vacío y nuestra ayuda les haría ganar mucho tiempo. Aceptamos y por la mañana del día siguiente a eso de las 5 de la mañana nos pusimos manos a la obra.

El pan que hacen los chicos es aunque más caro, también más rico y saludable que el resto por lo que no suelen tener problema en venderlo caminando con la cesta de mimbre al hombro. Lo pasé muy bien, aprendí a hacer varios tipos de panes diferentes e hice un buen amigo que es Carlos. Y qué decir sobre las ceremonias en el “kori”… ¡madre mía!

De camino a Cuzco y a Nazca decidimos parar en Maras, unas salinas que funcionan desde los tiempos de los incas escarbadas en forma de cientos de piscinas en la ladera de una montaña, donde volví a sacar el “merchandaising” oficial de Naranjito para pagarme las entradas del día.

Y Moray, un curioso lugar donde se dice, los incas experimentaron con vegetales creando entre otras curiosidades, el maíz morado más grande del mundo.

Un lugar, que con las altas y nevadas montañas a lo lejos, consiguió ponerme los pelos de punta.

Para pasar la noche decidimos volver a Maras donde acampamos a las puertas del cielo y de la Iglesia y jugamos un partido de fútbol con el cura y sus amigos antes de cenar en la comisaría de policía y por fin dormir.

Cuando amanecimos Ilario decidió revisar el amortiguador de su rueda trasera y como yo quería conocer una asociación que se encarga de que la educación llegue a los niños de las afueras de Cuzco nos separamos temporalmente quedando en vernos  en Nazca días después. Al fin y al cabo somos dos solitarios.

Como esta era mi segunda vez en la ciudad, no me dediqué demasiado al turismo y me presenté en la organización HUCHUY YACHAQ donde me quedé encantado al conocer sus múltiples proyectos con los niños y sus familias.

Os recomiendo conocer su página web.

De cuzco a Nazca tardé dos días en los que casi me muero de frío al acampar. Pero finalmente llegué.

Bienvenidos!

A paso de vehículo viejo y mucha foto llegamos a Ollantaitanbo donde tras buscar alojamiento durante un buen rato caimos en un centro espiritual donde el único trabajador, Carlos, nos ofreció dejar allí todas nuestras cosas durante la expedición al Machu Pichu.

Con el mismo plástico tapamos el coche y la moto y tras despedirnos de ambos con una larga y preocupada mirada  partimos hacia  el lugar turístico más visitado del mundo entero.

Para evitar los elevados precios del único transporte que llega directo a Aguas Calientes, el Perurail, nos subimos primero a una mototaxi que nos llevó a la plaza del pueblo donde enlazamos en poco tiempo con un autobús local con destino a Santa María. Esta parte del viaje sentados ambos en el pasillo durante horas con gentes y bolsas y animales metiéndosenos en las fosas nasales y a gran velocidad a tan solo centímetros de un precipicio fue sin lugar a dudas la peor del día. Pase mucho miedo.

Por suerte, a unas dos horas de Santa María se bajaron dos señoras gordísimas y conseguimos sentarnos y disfrutar de las hermosas vistas antes de llegar a nuestro primer destino, comer algo en un restaurante familiar y subirnos a una pequeña furgoneta que a una velocidad totalmente desmedida siempre a escasos metros del río nos dejo donde termina la pista en la central de Perurail, donde comenzamos a caminar siguiendo las vías.

Ilario intentó en varias ocasiones parar el tren sin demasiada fortuna mientras que los cientos de turistas sentados cómodamente en su interior nos miraban y señalaban como si de animales autóctonos se tratase.

Para mí el paseo mereció un millón de veces la pena gracias a la increíble naturaleza que nos rodeaba y de la cual pudimos disfrutar por viajar (como solemos hacer) a escasa velocidad y tiempo para pararnos a contemplar.

En un momento dado y sabiendo que nos jugábamos la vida haciéndolo cruzamos un puente no apto para viajeros con vértigo y sin vía de escape en el caso de la llegada de un tren.

Y ya cuando el sol se retiraba a dormir llegamos a Aguas Calientes donde conseguimos gracias a una tarjeta de periodista falsa de mi compañero un precio ridículo con desayuno incluido en un hotel de mochileros en el que nos trataron como a reyes.

A la mañana siguiente después de cenar una pastamadeinitaly e irnos a dormir temprano, comenzamos el ascenso a las 4 de la mañana para ser uno de los primeros 400 en llegar a la taquilla del recinto y conseguir el pase para el Guaina Pichu antes de que todos los turistas en autobús llegasen colapsando la entrada.

Nos esforzamos en ello y lo conseguimos con creces.

Yo llegué de número 36 e Ilario de 50 apróximadamente por lo que ambos disfrutamos del amanecer ya con la doble entrada en la mano.

Llegaron los autobuses, el ruido, el caos, el sol y la apertura de puertas con la que ambos nos quedamos boqueabiertos. Por muchas fografias que vea uno en la pantalla de su ordenador jamás podrá sentir lo que se siente al verlo con sus propios ojos, escucharlo con sus oidos y tocarlo con sus propias manos.

Es un lugar mágico. Espectacular. Lleno de energía.

(zona de viviendas)

(ahí estoy yo recién llegado al Machu Pichu con el macizo rocoso de Guaina Pichu al fondo)

(las llamas pasean por el jardín a su antojo)

(terrazas para cultivar y dar estabilidad a la ciudad sagrada)

(piedra con 32 lados!!)

(vista desde el Guaina Pichu)

(carretera para autobuses)

En total pasamos 10 horas paseando por las instalaciones de la antigua  Llaqta  (antiguo poblado andino inca) construida a mediados del  siglo XV y que gracias a que sus antiguos habitantes destrozaron las vías de acceso los españoles de calzonzillos métalicos no pudieron descubrir y destruir.

¡Menos mal!

Los dos nos emocionamos en varias ocasiones y aprendimos todo lo que pudimos de las explicaciones realizadas por los guías de los numerosos grupos en los que nos colamos por tramos siempre discretamente.

Disfrutamos, hicimos cientos de fotos, pasamos hambre y sed y cuando ya no podíamos más volvimos por donde habíamos venido.

Una experiencia maravillosa. Necesaria en cierto modo e inolvidable. Un sueño bien real. La guinda al pastel del Valle Sagrado.

Aunque por otro lado, simplemente un tramo de nuestro viaje.

Un fuerte abrazo.

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