Antes de adentrarme en Paraguay por la famosa y peligrosa triple frontera decidí conectarme a internet con la ilusión de encontrar alguna muevabuena noticia que me quitase esa tristeza irracional que me perseguía desde ya varios días atrás.
De los muchos emails correos que esperaban en el buzón de entrada el primero era de Oskar y Lola, los moteros españoles que había conocido tiempo atrás en Ushuaia y con los que había pasado unos fantásticos días al frío de la casiantártida.
El correo era tan sencillo como directo. Justo lo que necesitaba. Algo así: ” Estamos en Salta en casa de unos amigos donde si quieres, serás bienvenido; esto te encantaría”.
Mi estado de ánimo cambió en cuestión de segundos y decidí partir rumbo a lo conocido. Cambié dos amigos por todo un país y no me arrepiento. Yo se lo que me digo.
Salí sin seguro (en Uruguay no fué posible el hacerlo, en Brasil también y en Argentina llegué para el fin de semana) y me planté sin problemas y sin parar hasta Posadas, en la provincia de Misiones, donde el calvario comenzó. Me pararon para pedir documentación entre la policía y el ejército en más de 10 ocasiones (en todas ellas pasé sin mayores problemas mostrando el resguardo viejo y ya caduco) hasta que a los dos días de asfalto y sol llegué a Salta y pude por fin abrazar.
En una ocasión incluso pude conocer (ya estaba ansioso) la faceta corrupta de los organismos argentinos. Sucedió ya de noche cuando en la frontera entre las provincias de Corrientes y El Chaco dos policias jóvenes y arrogantes decidieron sacarle dinero a otro turista. Uno de ellos, a partir de ahora conocido como ”el Bueno”, aseguraba que mi vehículo necesitaba de la coprrespondiente inspección técnica para circular por carreteras argentinas; y como no la tenía había multar, of course. A pesar de que yo le aseguré que estaba informado de que ese requisito solo era mecesario para coches nacionales y no para vehículos en tránsito, me obligaron a pasar a la oficina y a tomar asiento. Aquí empezó el juego.
“El Bueno” sacó la libreta de multas y empezó a mirarla mientras movía de un lado al otro la cabeza. “El Malo”, que en este caso también era “El Gordo”, me enseñaba una fotocopia vieja donde se informaba de la ley mientras me preguntaba si sabía leer. Yo le contesté que sabía leer pero solo en español, que estaba empezando con el argentino. “El Bueno” pensó que sería mejor si nos quedábamos a solas.
Este me dijo que me tenía que multar aunque no quería hacerlo. Aseguró que con su bajo sueldo no podía tomarse el privilegio de perdonar una comisión así. Yo, muy serio, le dije que le entendía, pero que todo era un error por lo que cogería mi multa e iría directamente a poner una denuncia a mi embajada. Aquí, “El Bueno”, decidió cambiar de estrategia: “pero como es domingo debería retenerte aquí el auto hasta que mi jefe en la capital autorice la operación, y eso sería injusto para ti”. “Serían un par de días mínimo”, “aunque quizás podamos resolverlo de otra manera, usted ya me entiende Sr. Sierra”. De nuevo me hice el boludo y respondí muy serio: “Menos mal que acabo de hacer la compra en el supermercado. Creo que voy a hacerme espaguetis al pesto para cenar, ¿Puedo acampar en su jardín?”.
“El Gordo” me quería matar y el “El Bueno” se quería matar.
Así pasamos una hora de conversaciones y gestos sobreactuados hasta que ofreciéndome el pasaporte y mirándome a los ojos ” El Bueno” me dijo muy serio, ¿ni siquiera va a colaborar con este cuartel con una gaseosa? Le saqué el pasaporte de las manos, le dije que donde yo vivía cada uno se pagaba sus gaseosas y sin mirar atrás después de soltar una tremenda carcajada arranqué y me fuí.
¡Estaba claro que eran nuevos en eso de las malas artes!
Llegué a Salta, me instale en casa de Barbara, Ernes y el pequeñito Simón, y decidí sentirme como en casa por unos días rodeándome de gente bonita..
Me dejé sorprender por la belleza y el color de una ciudad apodada por sus compatriotas como ”la Linda”, y comencé las conversaciones con el concesionario CITROEN local para ver que podía sacar.











(Por supuesto Urtubey es el gobernador y por supuesto esta mujer es indígena, cosas de Latinoamérica ¿verdad?)
El trato fué el siguiente, yo hacía publicidad en los medios locales (televisión y diarios inpresos) de su local a cambio de que ellos me diesen 100 dólares y solucionasen el pequeño desvío de la rueda delantera derecha que desde hacía ya semanas no estaba alineada con el resto.
Pero como siempre me tiene que pasar algo….. todo acabó por torcerse cuando CITROEN contrató a otro taller para hacer el tarbajo y este decidió cortar “la banana de dirección” para corregir y después volver a soldar sin saber que justo ese puno por el que decidieron realizar su manualidad de la semana era el punto donde se acumula toda la fueraza motriz y de frenado. Un punto que jamás aguantaría tras el desperfecto ya realizado.

Cuando fuí a CITROEN estos dijeron que se harían cargo del problema, pero que la “nueva Banana” llegaría de Buenos Alres por lo menos tras una semana y entre una cosa y otra ya había pasado una desde mi llegada a la casa de los chicos.
Me quería ir sí o sí.
Busque algún mecánico citronero por la ciudad y acabé encontrando a “Citrocrist”, que curiosamente tenía una pieza vieja que aunque era de un AMI 8, me serviría.
Me ayudó a ponerla y por sus servicios le pagué con los 100 dolares que Citroen Salta había donado a mi causa Naranja.
¡Un desastre!
Tras casi 10 días de trabajos mal hechos y lentas decisiones estaba por partir con el mismo poco dinero con el que había llegado (o incluso menos) y con una pieza vieja en la dirección delantera en lugar de una nueva que poco atrás me había puesto mi querido mecánico bonaerense.
Convencí a Simón de que aun era muy joven para partir….

….recogí a mi nuevo companero de viaje, el holandés y ginecólogo Roeland (que contestó a uno de mis anuncios en la red de “se busca compañero para compartir gastos rumbo al más allá”)…..

…y partimos primero a visitar la Quebrada de La Concha camino de Cafayate…..


















…y segundo de nuevo al norte caminito de la Quebrada de Humahuaca…

…donde me crucé con el italiano Ilario y su Vespa en medio de su viaje New York-Ushuaia-New York.


¡Suerte compañero!