Sofia es increíble.
Al principio, nada más llegar, tengo que reconocer que me sentí un poco defraudado. Me habían hablado tanto y tan bien de esta capital que no sé que es lo que esperaba.
No es una ciudad bonita como Fiorenze, Praha o París. No. Pero tiene otra cosa. Esa misma cualidad que tienen Atenas, Pisa o Wroclaw.
Está llena de vida.
La gente está en la calle. Grita. Se mueve. Los numerosísimos mercados callejeros desperdigados por toda la ciudad (incluido el mundo subterráneo) amenizan un paseo o una simple espera.

El único problema, como siempre, los coches.
Lo más bonito la Capital de Alexander Nevsky (su interior pone la piel de pollo)…

…y la Iglesia Rusa de San Nicolás donde están los restos del arzobispo Seraf’ín, toda una institución en la ciudad. Un Santo.

Las mujeres búlgaras las más bellas hasta ahora. Algo espectacular. Y la comida barata barata.

