Llegué a Santiago sabiendo que el barco en el que viajaba Naranjito se retrasaría algo así como un mes. “Problemas en Singapur” me dijeron.
Como siempre, llegué cargado de ganas de conocer y fuerzas renovadas para poder hacerlo. “Pasar al siguiente país es como cambiar de pantalla” me dijo una vez la viajera argentina Lorena sin que le faltase razón.
Me sorprendieron Los Andes desde el avión y el calor una vez llegué a tierra firme. ¡Aquí casi es verano!
En el aeropuerto de Santiago me esperaban Don Diego Macho (un paisano de A Coruña que no tenía el gusto de conocer) y su buen amigo Koke con dos sonrisas y dos abrazos ejemplares.
Desde que llegué todos me hicieron sentir como en casa. Tanto los chicos como sus chicas ( Bea y Lizzy) y todos sus enanos (Milenne, Valentina, Ignacio, Keyla, Michelle, Dorian y Cristopher) me hicieron sentir parte de la Gran Familia; también Lola, “la perra loca”.
Hoy, día en que si todo va bien comenzará un nuevo año, un mes y una semana después de mi llegada a la ciudad, sigo en casa de Diego Lizzy y Milenne. Como siempre que suceden improvistos desastrosos “on the road”, tanto ángeles como demonios, todos ellos buenos conmigo, vienen a mi encuentro para cuidarme y ponerme las cosas más fáciles.








¡Y menos mal! Por que sin esta buena compañía, una gran ciudad como Santiago, me hubiese parecido un auténtico infierno rodeado de paraísos.
Y si aún por encima se puede conseguir Estrella Galicia con facilidad…

…. y a tus nuevos amigos (como a todos por acá) les fascina el “asado”, pues mucho mejor la verdad.



Otra gran sorpresa que ayudó a amenizar, y mucho, la estancia en esta ciudad que todos aseguran “no es Chile”, fue reencontrame con mi excompañero de piso en Madrid y querido buen amigo Yago, que en estos momentos prueba fortuna por tierras de su chica, la simpatiquísima Vero.
Con ellos dos visité, a tan solo unos kilómetros del centro de Santiago, el espectacular Cajón del Maipo.





El 18 de Diciembre llegó el coche al Puerto de Valparaíso e inicié todos los trámites. Las Aduanas me sorprendieron para bien (desorganizadas pero amables y rápidas) y las empresas relacionadas con el desembarco, la desconsolidación del contenedor y demás burocracias privadas un auténtico desastre (también desorganizadas y desinformadas o mal informadas, poco amables y lentas).





Me pasé tres días de gestiones y papeles con mucho tiempo libre que me ayudaron a enamorarme de esta ciudad costera repleta de historia y construida sobre más de 30 cerros de distintos tamaños.


La ciudad, sobretodo en las partes más altas y de calles más estrechas, está sucia vieja y demasiado olvidada; pero aún así es encantadora con todos esos ascensores que te suben de un lado para otro por un precio irrisorio (por lo menos pra un turista europeo).
















Las casas de colores que suben por las laderas de los cerros como si de una carrera hasta la cima se tratase, son uno de los mayores atractivos de Valparaíso.










Tampoco los “perros vagos” (así llaman a los perros sin dueño que viven en pandillas por la calle y atacan únicamente a los cohes de los taxistas y de los “pacos” (policía chilena que viste uniforme verda guardia civil y chaleco antibalas marrón)) y los mediolegales grafitis pasarán desapercibidos por los visitantes.



Una vez me reuní con mi fiel Naranjito, que volvió a arrancar a la primera, volví a Santiago para que todos los enanos disfrutasen de él,

y también para que CITROEN CHILE cumpliese su promesa de darle un buen repaso gratuito al viejito con la jugada estrella del cambio de radiador de aceite que venía perdiendo desde el desierto australiano.



Tanto la dirección de Citroen como el Maestro Higuera y el aprendiz Jorge (los mecánicos que se encargaron de nosotros) me trataron estupendamente aunque fue imposible de nuevo conseguir que la gran empresa de Citroen me diese un empujón económico, que en estos momentos y debido al gran desembolso económico producido por el envío desde Sydney me habría venido de maravilla para salir de los últimamente siempre presentes números rojos.
En cualquier caso, sigo con el plan de partir de nuevo a principios de la semana que entra. Pronto os cuento más, por ahora un Feliz Año 2011 para todos!
Os mando un beso y dos abrazos para cada uno. Naranjito solo un beso.
Jorge.