Archivo

Archivo de la etiqueta: Colombia

Como os prometí en la entrada anterior os muestro varias fotos del mural del Bar DASH en Bucaramanga. Personalmente me gusta mucho el resultado final.

En la primera se ve al artista Juan Cobos realizando mi retrato entre los cassettes en un lateral de la pared.

En la segunda un primer plano del retrato.

Y en la tercera una foto de grupo junto al mural ya terminado.  Compartimos sofá  y sonrisa, Omar, Álvaro, Juan Cobos, Carlos Humberto Plata y yo.

Por último, os cuento que por fin partí de Bucaramanga rumbo al Caribe. ¡Lo conseguí! Salí bien temprano junto a un grupo de amigos y escoltas que me ayudaron gracias al “comodín de la llamada” a solucionar un problema eléctirco a unos pocos kilómetros de la partida que nos retuvo por unas dos horas a un lado de la carretera y en plena subida.

Finalmente, y después de cambiar condensador , limpiar platinos, bujias y bobina descubrimos un cable desconectado en el arranque. ¿Por qué comenzar siempre por lo más complicado? Quien sabe…

Me despedí de Lina, Wiscardo, Don Carlos y Jorge, cuatro de mis muy muy mejores amigos en la capital santanderiana en un comedero frente al cruce que yo debería coger hacia el norte y salí rápido y sin mirar atrás para ver  metro a metro que mi corazón se encogía y apretaba .

Intenté despistar  a la tristeza y la jugada me salió por la culata. Los buenos recuerdos empezaron a venirme a la cabeza y de nuevo surgió la pregunta de ¿por qué? ¿por qué dejar atrás a tan buenos migos cada poco tiempo? ¿por qué pasar por esto continuamente? ¿por qué solo?

Tanto pensé y pensé que esta vez incluso cayó una lágrima de esas que no son secas y tan pocas veces aparecen en mi viaje. Realmente los amigos que esta vez dejaba atrás eran realmente especiales.

Aparecí un día de la nada, llegué a sus vidas y sin conocerme apenas lo dieron todo para que me sintiese como en casa. Me ofrecieron sus casas, sus amigos, sus familias, sus aficiones y su tiempo.

Junto a Carlos Humberto Plata me sentí unas veces  junto a mi mejor amigo,  a veces  junto a mi tío favorito  y otras tantas como junto a mi fiel camarada. La complicidad fue máxima desde el primer minuto. Pocas veces en la vida uno tiene la oportunidad de encontrarse a alguien cuya generosidad y buen corazón rebosan de tal manera. Yo a estas personas las cuento con los dedos y su amistad la guardo como el tesoro más valioso.

Y qué decir también sobre Cata, Wiscardo, Tati, Lina y Jorge, Charly, Carlos y Chona, Favio y su señora y demás amigos del “Club Tres Ruedas”.Sobre la preciosa familia de Los Plata. Sobre Omar, Álvaro, Juan Cobos, Gio y demás gamberros del DASH y de la temible noche bumanguesa. Sobre todos los empresarios que me quisieron ayudar y así lo hicieron y sobre todas aquellas personas que me paraban por la calle para felicitarme, para hacerse una foto o para comprarme una gorra con toda su buena intención.

Me guardo a Bucaramanga en el bolsillo de la camisa colorida que me compré en Bagkok, muy cerca del corazón. Y lo que es peor, prometo volver y volveré.

Gracias!!

En cuanto llegué a Bucaramanga y conocí a Carlos Humberto Plata  me di cuenta de que me encontraba delante de un súper héroe. Una persona fuera de lo común.

Nuestra única conexión hasta el momento, el viajero italiano Ilario con el que ambos habíamos coincidido meses atrás y que por cierto, ya se encuentra en Milán rodeado de los suyos.

Lo encontré en la carretera  y  reconoció a Naranjito. Me saludó desde la ventana y lo seguí hasta su apartamento. Nos hicimos buenos amigos en cuanto nos estrechamos las manos por primera vez.

Me di una buena ducha donde intente además de la mugre, deshacerme  de los malos recuerdos del  largo y accidentado viaje desde Villa de Leyva, y comenzaron las presentaciones.

El club “Tres Ruedas” de motocicletas clásicas al que Carlos pertenece me obsequió en el minuto 1 con un plato de hormigas culonas fritas, un plato típico de la región de Santander y que disfruté de lo lindo pese a que la primera vez que lo intenté una extraña mueca se dejó ver en mi cara. Nos reimos todo lo que quisimos y quedamos en rodar juntos algunos dias más tarde.

Me compraron un gran número de gorras y me regalaron también un gran número de abrazos que no olvidaré.

Visitamos juntos la famosa Mesa de Los Santos donde pude disfrutar del espectacular teleférico del Cañón del Chicamocha,

y también la Mesa de Ruitoque donde la escuela de parapente Las Águilas, haciendo gala de la siempre presente amabilidad colombiana, me obsequió con un vuelo gratis a cambio de una pegatina de su sitio sobre  Naranjito.

Nunca me había atrevido a volar, pero esta vez y arropado por un grupo de personas maravillosas y en una ciudad que tanto ya me había ofrecido, no me pude negar a guardar este recuerdo para siempre. No podía imaginar un mejor lugar para hacerlo ni tampoco mejores compañeros. Sinceramente, mereció la pena y pude disfrutar cada minuto de los cielos, las vistas  y los gallinazos (ave carroñera local que me acompañó en el vuelo) de Santander.

Las actividades del Club siguieron y gracias a los contactos de Sir Carlos conseguimos que el Pub Saxo, me ofreciese un patrocinio de 500.000 pesos y alguna que otra cerveza Apostol.

A raiz de este magistral movimiento otras ayudas aparecieron dándome una de las sorpresas más bonitas de estos más de tres años de viaje.

Comics Pizza Cañaveral aportó su granito de arena con una gran sonrisa puesta,

al igual que arroces Palata que no dudó en colaborar una vez se enteró de nuestro paso por la ciudad.

La compañía de neumáticos para 4×4 Tune y

la empresa de paintball “E” cerraron la ola de colaboraciones.

Todos ellos y sin pedir nada a cambio decidieron ayudarnos económicamente y así colaborar con al envío de Naranjito a Panamá. Un traslado de un solo día en barco que es tan costo o más que el envío entre Sydney y Valparaiso de un mes y medio de duración y que ya realicé un año atrás.

Sin duda la inexistente carretera panamericana del Tapón del Darien entre Colombia y Panamá es un gran negocio para los puertos del Mar Caribe que cierran sus jornadas con los bolsillos bien llenos gracias a todos los transportistas y viajeros cuyo recorrido pasa por unir las tres Américas. Estos puertos son su única alternativa y las versiones sobre  narcotráfico en la zona y ecologismos, creo yo, simples excusas que les dan resultado.

El periódico Gente de Cañaveral nos sacó en portada y colaboró con que la televisión Caracol se interesase en el proyecto queriendo que presentase un servidor, la nota turística semanal sobre la ciudad de Bucaramanga. En esta nota yo debería ir día tras día presentando diferentes comidas y personajes y clubes emblemáticos de la capital santanderiana, como por ejemplo el Club “Tres Ruedas” con el que visitamos la vecina localidad de Pie de Cuesta ante las cámaras de la televisión.

Además de una experiencia divertidísima que me ayudó a vender gorras en los dias futuros, sirvió para seguir ahorrando dineros de cara al futuro ya que aunque no mucho, la televisión decidió pagarme por las horas “gastadas” junto a ellos.

El último de los ingresos lo realicé gracias a un encargo del bar DASH 24 que tras ver mi libro de bocetos decidió regalarme una pared en blanco para que yo improvisase teniendo presente  la estética del local.

Teniendo en cuenta el buen gusto a la hora de escoger su música y lo colorido de sus paredes decidí dibujar un grupo de irregulares y coloridos cassettes que acompañasen el nombre del bar escrito con una textura de pelo en una sola dimensión.

¿A caso no comenzamos la mayoría de nosotros con estos ya obsoletos soportes musicales?

Me divertí mucho haciéndolo y me demostré a mi mismo que también puedo improvisar a mano alzada. En la próxima entrada os mostraré el Mural terminado junto a la colaboración del artista local Juan Cobos que realizó un retrato mio en el muro para que nuestros buenos ratos vividos allí durasen por mucho mucho tiempo.

No creo que se olviden de mi y de los chupitos que nos tomamos tan fácilmente. Yo por lo menos no los olvidaré a todos ellos…

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, disfrazados de mecánicos esta vez, no me dejaron ir hasta que otro héroe disfrazado de villano vino al rescate. Wilman llegó de su viaje a la costa en el preciso instante en que yo partía por lo que no dudó en acompañarme hasta Villa de Leyva.

Taratatatataaaaaa!

Escogimos el camino más largo y divertido para salir de la Gran Bogotá y realizamos la primera parada en Guatavita, pueblo cercano a la laguna del mismo nombre donde aseguran los más viejos, se encuentra sumergido “El Dorado”, gran tesoro que nunca pudieron encontrar ni Los Pinzones, ni Los Colones ni Los Balboas en sus torpes y desafortunadas tropelías sudamericanas.

No nos detuvimos demasiado debido a los altos precios de la turística localidad y las ganas de ambos por llegar al Puente de Boyaca, donde aseguran, un tal Bolivar inició la expulsión española no sin antes matar  al pobrecito Barreiro, escondido debajo de la construcción y suplicando por su vida. ¡Qué salvajes!

Llegamos a Villa de Leyva en mitad de un tremendo aguacero y con las últimas luces del día; y claro, al celebrar tremenda hazaña con un vaso de guaro y una empanada  por barba, se nos encendió el alma de tal manera que no nos quedó otra que sacrificar los planes de salir de allí en un rato por una noche de altos vuelos y acrobáticos bailes paraguas en mano.

¡Menudo lío!

Lo pasamos en grande hasta que un ángel que andaba de paso bien temprano por la mañanba hizo ruido al marcharse y ambos nos quisimos cortar el cuello por semejante resaca o “guayabo”.

Una aspirina, mucho líquido, un paseo, un caldo de costilla, una triste despedida y de nuevo a la carretera camino de Bucaramanga y del Caribe y de mi casa.

Pero mi fiel Naranja Rocinante, desencantado con mi mal comportamiento de la noche anterior y  mi lamentable estado esa misma mañana, decidió darme una lección que duró demasiado.

Salí y el cielo cambió de color. Apareció la lluvia en el momento en que terminaba la carretera y comenzaban la piedra y la tierra. Me quedé sin gasolina en una cuesta infinita y necesité de ayuda para solucionar el tema del no-freno de mano. Continué con ganas de llorar hasta que cerca de un pueblo pequeño pinche y finalmente lloré.

Pese a que aún era temprano busqué un lugar barato para descansar y caí rendido en una cama pequeña en medio de una habitación inmensa con olor a sexo reciente. Efectivamente era un puticlub el único lugar que se amoldaba a mi presupuesto. Un asco.

Viendo el National Geographic me quedé dormido y 12 horas después y tras rebuscar un rato encontré las fuerzas necesarias para empezar de nuevo con buena cara y sin rencor.

En el camino pasé por un pueblo llamado Socorro y me pareció muy apropiado parar a tomar café.  En total habré pasado media hora entre el paseo e internet, donde por fin contacté con Carlos Humberto, un caramango (procedente de Bucaramanga?) miembro del club Vespa quien hace ya tiempo  me invitó a su casa si llegaba a pasar por la zona.

Cuando retomé el viaje y a unos 10 Km de Socorro, bajo un sol abrasador a unos 40 grados como mínimo, me dí cuenta de que de nuevo había pinchado.

No me lo podía creer.

Solucioné de manera provisional colocando una de las ruedas de repuesto (más pequeña que la pinchada por ser esta de Wolswagen “escarabajo”) y continué despacito y cojeando visiblemente hasta San Gil donde un hombre con un gran sombrero y pocas palabras me arregló la cámara, mató mi sed y puso cada rueda en su lugar.

A las 15:30 y con casi dos horas de retraso por fin llegué a Bucaramnaga donde mi anfitrión, Carlos Humberto Plata, me recibió de la mejor de las maneras, haciéndome sentir como en casa, con una buena hamburguesa en mano y cientos de buenos planes para volver a llenar las urnas de Naranjito antes del traslado en barco a Panamá y una vez Citroen Colombia me confirmó que no colaboraría económicamente con el proyecto.

¿me perdonas naranjito?

Jorge…

La Caravana de Propietarios Citroen del día de hoy ha sido un éxito total. No solo disfrutamos de una muy agradable jornada de carretera, almuerzo y prueba en pista rápida del nuevo modelo DS3, si no que gracias a los amigos citroneros bogotanos he conseguido capital suficiente para pagar el tramo de carretera (incluidos peajes) que comprende desde Ecuador hasta aquí y el futuro ya próximo  hasta Cartagena  en el Mar Caribe.

Vendí todas las camisetas que me quedaban y gran parte de las gorras que cargaba casi olvidadas desde mi querida Buenos (Malos) Aires.

¡Menuda alegría!

En total nos juntamos unos cuarenta coches de todas las características habidas y por haber, todos ellos con el denominador común de pertenecer a la marca francesa Citroen en cualquiera de sus etapas constructoras.

Obviamente Naranjito fue la estrella del día compartiendo liderazgo en número de fotos, grabaciones y posición en el desfile  con el flamante y coqueto Charleston con el que tan buenas migas realizó mi fiel compañero.

En varias ocasiones a lo largo de la mañana pude probar el estado de la caja de velocidades y motor en la pista rápida alquilada por la organización del evento. (video de prueba: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=066ywLpwKF8)

Tras estas semanas de cuidados intensivos quería probar si estábamos realmente listos para partir y teniendo en cuenta que salimos de allí con la vuelta rápida realizada … me atreví a confirmar que sí.

Dicho lo dicho la fecha de salida queda “fijada” (pongo comillas siendo consciente de mi extraño vicio  para retorcer y pisotear planes denominados  de antemano como fijos) para el próximo sábado día 12 de Noviembre.

Si todo sale bien, tras tres días de carretera estaré en algún puerto caribeño lidiando nuevamente con agentes de aduanas, oficiales de puerto, oficinistas y demás chupa sangres que habitan aquellos desagradables hábitats.

¡Qué los dioses me den la paciencia necesaria!

Cuando me despedí de los Motonómadas en el centro de Bogotá y me dirigí hacia el punto de encuentro con  Wilman, no podía ni imaginar todo lo que estaba por llegar.

Mientras esperaba a mi nuevo amigo en el aparcamiento de una gran superficie noté un fuerte ruido proveniente de la parte delantera del auto. Sin duda era la caja de cambios. Me apresuré a comprobar el nivel de aceite y descubrí que estaba bastante bajo. ¡Menuda cagada!

Rellené con aceite del mismo tipo y con mucho cuidado conduje hasta la casa donde me establecería cerca del barrio El Galán, en el sur de la gran urbe.

Lo único en lo que podía pensar era en la costosa y lenta posibilidad de que la caja estuviera rota.

Ya por la mañana y después de haber descansado durante casi toda la tarde, me presenté en las oficinas Citroen donde muy amablemente me recibió Juan Marque, el Gerente general  de la marca en Colombia dándome la mejor de las bienvenidas.

Sus palabras exactas fueron “no te preocupes Jorge, pase lo que pase, Naranjito se irá bien de aquí” y esto me dejó tranquilo. Confiado.

Tras una breve pero interesante charla con este argentino establecido y enamorado de Colombia fui a los talleres donde el recibimiento no fue menos bueno.

Al momento cuatro mecánicos estaban ya con las manos en Naranjito.

Pero como siempre pasa con mi media naranja, por suerte o por desgracia, las cosas no podian salir bien a la primera.

Cuando abrimos la caja y sellamos con silicona la fuga, después de haber cambiado el empaque del carburador, los amortiguadores traseros, el aceite y el filtro, pastillas de freno, el filtro de gasolina, y seguro algo más que ahora no consigo recordar, algo hicimos mal que los cambios quedaron bloqueados.

En esos momentos se me vino a la mente el episodio de Quito. La diferencia es que esta vez, sabía que Citroen Colombia me ayudaría ciento por ciento en todo el proceso de reparación.

Y por si esto no fuese ya suficiente, la gran amistad realizada en cuestión de minutos con algunos de los muchachos del taller (en especial con Rubén, el sufrido mecánico principal de Naranjito), me dió la calma necesaria para tratar este tema como un regalo aprendiendo todo lo posible de la situación.

La magia del viaje esta vez estaba servida en bandeja de plata.

Unos cuantos dias después y tras unos cuantos intentos, dimos con la solución rectificando la varilla de 2ª y 3ª por lo que pudimos, gracias a la perseverancia de Hernán, volver a sellar con silicona y esta vez con más cuidado y experiencia, volver a montar para descubrir que por fin, después de volver a sincronizar los cambios, estos entraban de nuevo sin mayores problemas.

En estos momentos naranjito está expuesto en la vitrina de Citroen Bogotá  ala espera de la visita de los medios de comunicación y de la Caravana Citroen del día 6 donde seguramente saquemos a relucir camisetas y gorras para así intentar recuperar el dinero gastado en las caras carreteras colombianas las semanas pasadas.

La verdad es que pese a los problemas mecánicos de los últimos días, ambos estamos felices de poder descubrir las maravillas escondidas en las calles llenas de huecos de la capital colombiana, una clara proyección de la acogedora y divertida cultura popular nacional que tan bien nos ha tartado desde el día que cruzamos la frontera con Ecuador.

Al final va a ser verdad ese lema de que “el único problema de Colombia es que te quieras quedar”.

Antes de abandonar definitivamente el Eje Cafetero decidí visitar una finca de cultivo para así aprender un poco más sobre ese sabroso desconocido que para mi  ha sido siempre el café.
Don Elias, con mucha paciencia, me mostró  todos los pasos desde la plantación hasta la preparación pasando por la recolecta, el secado y el molido  para terminar con una rica degustación que me dejó sin palabras. ¡qué sabroso carajo!
De camino a  Medellín me esperaba mucho tráfico, lluvia, carreteras en mal estado, varios puertos de montaña, muchos peajes,  accidentes y largos atascos, una arepa con queso para desayunar y otra con carne para almorzar, dos controles policiales, muy buenas vistas, frio  y varios viajeros motorizados con dirección al sur.
No me detuve   demasiado en Medellín,
si no que directamente fui a casa de una pareja  que había conocido meses atrás en Ecuador y me ofreció un sofá en un pueblo cercano de nombre Copacabana. Junto a Eli y a Jaime visité la loquísima ciudad de Medellín, el encantador pueblo de Santa Fe de Antioquia,
probé la gastronomía local y salí a hacer un grafiti sobre un muro que ellos mismos habian pintado meses atrás. Una experiencia que me invadió desde el inicio y que espero no tardar en volver a realizar.
Seis dias con ellos y de nuevo ala carretera con destino a Rionegro donde me esperaba bajo un tremendo chaparrón que nunca terminó, la familia viajera que conocí en en norte de perú recorriendo el continente en una Wolswagen Kombi marroncita y llena de sueños.
Mi sorpresa al llegar fue que no era el único que había decidido aparecer sin avisar en casa de Wil, Cata y el pequeño Nicolás. Desde Estados Unidos llegaron a bordo de un original sidecar Efrain y Bela. Juan y Eugenia en una moto de 250 desde Necochea-Argentina. Juan Montoya alias “El Nene” con su vespa viajera y mis ya viejos amigos Oskar y Lola con su “Negrita”.
Todos juntos visitamos el famoso Peñón de Guatapé
y disfrutamos de unos tamales caseros
y  una sabrosa e indigesta bandeja paisa
antes de separarnos de nuevo para cada uno seguir con su viaje y con su sueño. Con su plan.
Yo partí rumbo a Bogotá con los motonómadas y  a causa de un derrumbe en Honda pasamos la noche con los bomberos de esta localidad para así, tras un madrugón de los de notable alto, poder pasar el corte policial de las 5 de la mañana antes de los numerosos autobuses y camiones con los que compartiamos destino.
En realidad, un viaje de lo más tranquilo.
(entrada a la finca de recreo de un tal Pablo Escobar)
¡Bienvenidos a Bogotá!

Unas tres horas de buena carretera separan  Cali de Salento, en pleno Eje Cafetero. Un pueblo tranquilo y lleno de color que los turistas adoran debido a la cercanía con el Valle de Cocora, a tan solo 8 km  de la plaza central.

Os muestro unas cuantas fotografias primero del centro del pueblo y segundo del increible Valle de Cocora y sus 12 diferentes clases de colibríes para que os hagáis una idea.

Tras esta breve parada, donde me puse “morado” de arepas de chocolo y bolas de arroz con papa, obtuve las fuerzas necesarias para encarar el siguiente tramo del viaje, la ciudad de Medellín.

A ver que me encuentro por el camino…

El día que llegué a Quito remolcado desde Puerto Misahualli, nunca imaginé que la reparación me iba a costar tantísimo tiempo, dinero y quebraderos de cabeza. Lamentablemente, muchas cosas salieron mal. LAMENTABLEMENTE, MUCHAS COSAS LAS HICIERON MAL.

En cuanto conseguí tener el motor desmontado y limpio, lo llevé a la rectificadora para que ellos, supuestos profesionales, después de medir, me informasen de las piezas nuevas necesarias y también de las operaciones a realizar antes de  volver a la carretera.

La idea era que Naranjito viviese a partir de entonces una segunda y muy larga juventud.

No tardé en encargarle a Fran (mi supermecánico argentino vía internet) las piezas requeridas y a los dos días, estas estaban viajando en primera clase rumbo al taller de Citroen Mavesa donde lo esperábamos ansiosos.

Hasta aquí todo bien. O al menos eso creía yo.

Llegaron las piezas. Las llevé a la rectificadora y allí recibí la mala noticia de que faltaba una chaqueta de cigüeñal  que en la primera inspección había sido olvidada.

Menuda cagada!

Solo quedaba volver a  escribir a Fran y esperar una semana para que aduanas me entregase el paquete.

A estas alturas del partido ya me había gastado unos 1300 dólares entre piezas, envíos, aduanas, hotel y el contador seguía corriendo.

Llegó el segundo envío y por fin pudimos empezar a trabajar. La rectificadora montó el cigüeñal y me entregó el motor para que empezase mi parte. David me ayudaba en sus ratos libresynotanlibres y juntos en un momento de inspiración nos dimos cuenta de que el punto de distribución y el calado no coincidian ni de casualidad. Esta vez los geniales rectificadores habían decidido que el piñón del cigüeñal no llevaba una posición exacta por lo que a la hora de colocarlo de nuevo lo habían hecho, como decimos en España, “a boleo”.

Los quería matar pero no tenía tiempo para realizar un buen plan. La solución era complicada. Teniamos que sacar el piñón sin destrozar la chaqueta y colocarlo de nuevo a ojo haciéndolo coincidir con el piñón del árbol de levas y el calado.

Esta vez, cansado ya de tanta desgracia, me llevé el motor a un tornero  de reputación y allí realicé el trabajo más delicado.

De vuelta en casa, en el taller de Citroen Mavesa, esta vez sí me pude definitivamente manos a la obra. Hice todo como el manual y Fran decian y salí a probar el coche. En dos días, aún con algunos ruidos raros y un humo blanco muy feo, estaba listo para salir con destino Colombia.

Lo mejor de este mes de malafortuna, sin lugar a dudas, el equipo mecánico de Mavesa con el que hice muy buenas migas.  Gracias amigos!

Conduje muy nervioso y exaltándome con cada ruido durante las primeras horas de viaje hasta que por fin pasé de pantalla. Entré en “Locombia” y de nuevo me metí en el sueño, en el viaje de mi vida.

En los primeros metros de carretera colombiana conseguí olvidarme de lo sucedidó semanas atrás, cambiando mi energía y mi suerte de un momento para otro.

En el pueblo fronterizo de Ipiales conocí a la familia Pantoja, y junto a ellos pasé un ajetreado día de campaña política haciendo serigrafía en la sede del partido.

Me divertí con esta nueva experiencia y por la mañana debido a mis ganas locas de carretera partí rumbo al cumpleaños de Lola en Cali, visitando por el camino en Santuario de las Lajas,

y la Ciudad Blanca de Popayán.

En Cali nos esperaban Oskar y Lola junto a unos nuevos locos viajeros buenos amigos con los que celebramos el aniversario de Lola y mimamos un poco más a nuestros vehículos…

…en la generosa tienda ASTURIAS, un punto de encuentro obligado para los viajeros motorizados de paso por la ciudad.

El Plan, es pasar un par de días conociendo la ciudad y divirtiéndome con los viejos y con los nuevos amigos antes de continuar camino del norte y del Eje Cafetero. Después de pasar tanto tiempo parado, os podeís imaginar que lo que más quiero es despacito como siempre, recorrer y recorrer los kilómetros que espero pronto me lleven al Mar Caribe, a Panamá, a Centroamérica y al más allá.

Gracias por leer. Por saber esperar. Por animar. Por empujar y por siempre querer más.

Un beso y tres abrazos, Jorge y Naranjito.

(Oskar, Lola y “El Francés” Alain)

(Un servidor junto a Sory y Jorge)

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.