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Archivo de la etiqueta: ecuador

El día que llegué a Quito remolcado desde Puerto Misahualli, nunca imaginé que la reparación me iba a costar tantísimo tiempo, dinero y quebraderos de cabeza. Lamentablemente, muchas cosas salieron mal. LAMENTABLEMENTE, MUCHAS COSAS LAS HICIERON MAL.

En cuanto conseguí tener el motor desmontado y limpio, lo llevé a la rectificadora para que ellos, supuestos profesionales, después de medir, me informasen de las piezas nuevas necesarias y también de las operaciones a realizar antes de  volver a la carretera.

La idea era que Naranjito viviese a partir de entonces una segunda y muy larga juventud.

No tardé en encargarle a Fran (mi supermecánico argentino vía internet) las piezas requeridas y a los dos días, estas estaban viajando en primera clase rumbo al taller de Citroen Mavesa donde lo esperábamos ansiosos.

Hasta aquí todo bien. O al menos eso creía yo.

Llegaron las piezas. Las llevé a la rectificadora y allí recibí la mala noticia de que faltaba una chaqueta de cigüeñal  que en la primera inspección había sido olvidada.

Menuda cagada!

Solo quedaba volver a  escribir a Fran y esperar una semana para que aduanas me entregase el paquete.

A estas alturas del partido ya me había gastado unos 1300 dólares entre piezas, envíos, aduanas, hotel y el contador seguía corriendo.

Llegó el segundo envío y por fin pudimos empezar a trabajar. La rectificadora montó el cigüeñal y me entregó el motor para que empezase mi parte. David me ayudaba en sus ratos libresynotanlibres y juntos en un momento de inspiración nos dimos cuenta de que el punto de distribución y el calado no coincidian ni de casualidad. Esta vez los geniales rectificadores habían decidido que el piñón del cigüeñal no llevaba una posición exacta por lo que a la hora de colocarlo de nuevo lo habían hecho, como decimos en España, “a boleo”.

Los quería matar pero no tenía tiempo para realizar un buen plan. La solución era complicada. Teniamos que sacar el piñón sin destrozar la chaqueta y colocarlo de nuevo a ojo haciéndolo coincidir con el piñón del árbol de levas y el calado.

Esta vez, cansado ya de tanta desgracia, me llevé el motor a un tornero  de reputación y allí realicé el trabajo más delicado.

De vuelta en casa, en el taller de Citroen Mavesa, esta vez sí me pude definitivamente manos a la obra. Hice todo como el manual y Fran decian y salí a probar el coche. En dos días, aún con algunos ruidos raros y un humo blanco muy feo, estaba listo para salir con destino Colombia.

Lo mejor de este mes de malafortuna, sin lugar a dudas, el equipo mecánico de Mavesa con el que hice muy buenas migas.  Gracias amigos!

Conduje muy nervioso y exaltándome con cada ruido durante las primeras horas de viaje hasta que por fin pasé de pantalla. Entré en “Locombia” y de nuevo me metí en el sueño, en el viaje de mi vida.

En los primeros metros de carretera colombiana conseguí olvidarme de lo sucedidó semanas atrás, cambiando mi energía y mi suerte de un momento para otro.

En el pueblo fronterizo de Ipiales conocí a la familia Pantoja, y junto a ellos pasé un ajetreado día de campaña política haciendo serigrafía en la sede del partido.

Me divertí con esta nueva experiencia y por la mañana debido a mis ganas locas de carretera partí rumbo al cumpleaños de Lola en Cali, visitando por el camino en Santuario de las Lajas,

y la Ciudad Blanca de Popayán.

En Cali nos esperaban Oskar y Lola junto a unos nuevos locos viajeros buenos amigos con los que celebramos el aniversario de Lola y mimamos un poco más a nuestros vehículos…

…en la generosa tienda ASTURIAS, un punto de encuentro obligado para los viajeros motorizados de paso por la ciudad.

El Plan, es pasar un par de días conociendo la ciudad y divirtiéndome con los viejos y con los nuevos amigos antes de continuar camino del norte y del Eje Cafetero. Después de pasar tanto tiempo parado, os podeís imaginar que lo que más quiero es despacito como siempre, recorrer y recorrer los kilómetros que espero pronto me lleven al Mar Caribe, a Panamá, a Centroamérica y al más allá.

Gracias por leer. Por saber esperar. Por animar. Por empujar y por siempre querer más.

Un beso y tres abrazos, Jorge y Naranjito.

(Oskar, Lola y “El Francés” Alain)

(Un servidor junto a Sory y Jorge)

Con semejante ruido en el motor y para no aumentar los daños decidí visitar todas las grúas de Tena buscando un buen precio.

Los amigos nacidos en Misahualli me dijeron que cualquier precio por debajo de los 280 ó 270 dólares estaría bien, y teniendo en cuanta que ellos son los que más saben, cuando conseguí por parte de Grúas Tena un precio de 250 dólares cerré el asunto y por dos días me dediqué a descansar.

Partí de nuevo  dirección Quito (unas 5 horas de camino) junto al músico y productor argentino Mike Marshall, con el que había compartido habitación, más de una risa y más de dos cervezas estos últimos días en casa de Kepa.

Llegamos en el tiempo previsto a la capital y de nuevo cada uno siguió su camino. Mike cogió un autobús hacia Guayaquil donde debería dar dos conciertos para el fin de semana y yo me puse manos a la obra.

El concesionario CITROEN me dejó un lugar en su taller para que yo trabajase pero esta vez no pudieron ofrecerme una mano amiga y experimentada para desmontar y abrir el motor. Estaban en el momento que llegué colapsados por el trabajo.

Esta vez debería arreglármelas yo solo y aprender a marchas forzadas de los mails de CITRO-FRAN, que  desde Buenos Aires  y como siempre con muchísimo cariño me describía paso a paso como realizar el trabajo.

Tardé dos días en sacar el motor y abrirlo para ver claramente de donde venía ese fortísimo ruido en la parte izquierda del motor. Uno de los aros se había roto entrando una pequeña parte en la bóveda donde se realiza la combustión y destrozando el pistón y la parte trasera de las válvulas.

¡Una cagada!

Con esto quedaba cerrado el tema de pérdida de aceite y mayor consumo de gasolina. La combustión era desastrosa y el rendimiento de Naranjo lamentable.

Una vez el motor estaba abierto decidí darle un buen repaso para ver que el otro pistón, el derecho, también estaba algo deteriorado y que ambas camisas estaban gastadas. Las válvulas también pedian un cambio y el cigueñal, por suerte, tan solo una buena pulida y un par de caricias.

Llegados a este punto, solo me quedaba organizarme para localizar las nuevas  piezas desde algún país citronero y esperar …..

Pudo haber sido peor…

El día 5 de julio, tras terminar de escribir mis dos últimos diarios, me fui  a la cama muerto de sueño. Me encontraba realmente cansado y sentía nostalgia. Estaba algo triste, sí.

A partir de ese momento no sé que fue real  y que no lo fue. Algo extraño sucedió.

Tuve un sueño. O quizás no.

De repente estaba en casa  de mi madre en A Coruña preparándome para la boda de Nano, mi hermano mayor y Marti, la novia más guapisisisima del mundo. Allí estaba yo probándome el frac. Discutiendo sobre los centros florales. Dando mi opinión sobre la distribución de las mesas y sobre el menú. Pidiendo una tarde de sol y una noche de estrellas para el Gran Día.

¿ Increíble verdad?

A pesar de ser un sueño, la vuelta a casa, tras tres años de viaje, me produjo un fortísimo dolor de cabeza (que no es nada cuando estás cerca de mamá) y una desorientación que jamás antes había sentido. Era todo tan real…

Pepe y “El Viejo” Moi fueron los primeros en aparecer como por arte de magía. Algo así como un sueño dentro de otro sueño. Después, casi todos fueron llegando: Yago y Iago, Mata, Josiño, Porto y Porta, Flopi, Roco, Yago López y Vero, Cuevas y Dani. Un atardecer junto a Caro y Edu con buenas vistas y muchas pipas. Unas copas en El Taller de Carolo junto a los piratas de siempre. Una cerveza y algo más junto a Cris, Tito, Mateo y Palu. Unas tapas y unos rones con Currito (mi hermano pequeño).  Un daiquiri de fresa en la Novena, el nuevo bar de Pivi. Kilos de marisco y mucho cariño en casa de mi otra familia, los Mendez-Sanchís. Comidas y charlas con Jandro, Paco y Javi de la Productora Mondotropo acompañadas de muchas nuevas buenas ideas. Unas risas junto a Roca. Un “pilla pilla” con Anita que nunca pudimos terminar. Un encuentro rápido y casual con Manu Boedo, un amigo de Naranjito a quien no tenía el gusto de conocer. Una emotiva cena junto a Vicente Torres y su familia en la que su empresa,C4BICAJE, me volvió a respaldar económicamente. Una rápida visita a AD Regueira donde salí con  más de los que entré. Un steack tartare de esos que me gustan a mi. Besos y abrazos de la famila sevillanagaditana. Una buena cama. Una buena nevera. Una buena bañera. Una buena plancha y un buen sofá.

Muchísimo cariño.

Todo esto y mucho más en un sueño que pareció durar 21 días ni más ni menos y que me sirvió para recuperar todas las fuerzas dejadas por el camino y volver a mi  otra realidad si cabe con aún más ganas que antes.

Me desperté, después de haber disfrutado de la boda más bonita imaginable, me lave la cara con abundante agua y me tomé un buen café con mi amigo Kepa mientras le contaba  perplejo lo que había sucedido antes  de por fin, ponerme manos a la obra con el cansado Naranjito y darme cuenta de que Oskar y Lola se habían marchado hacia la costa dejando en su lugar a un grupo hermoso de trotamundos de todos los sabores y colores con los que no tardé en llevarme a las mil maravillas.

El resto seguía todo igual. Nada había cambiado en Misahualli. Tan solo yo y mi historia lo habíamos hecho.

Maní, la perra que escogió Txalaparta como su hogar, seguía persiguiendo a los monos por la playa. Jhony seguía trayendo ricos limones y ricas naranjas cada mañana y el motor de mi fiel compañero seguía negándose a salir de allí.

La idea estaba clara ahora que de nuevo me encontraba con fuerzas para superar cualquier improvisto: llegar a Quito de la manera que fuese y una vez allí darle mimos a Naranjito hasta que este, que no soñó con sus familiares y amigos tal y como yo lo hice, encontrase de nuevo fuerzas para continuar camino de lo desconocido allí arribita en las Colombias.

Un beso enorme y muchísimas gracias a todos por todo. Erais lo que necesitaba.

Ni siquiera  cuando Jorge se fue me dio tiempo a sentir esa soledad tan cruel que te cuelga del cuello el decir adiós. Aparecieron Oskar y Lola para cogerme de las orejas, cambiar mis planes y escoltarme hasta la Amazonia.

Sin duda son ángeles venidos del infierno  (en el cielo se aburrirían) para cuidar a uno en sus loco (y escogido)  camino.

Atravesamos Los Andes. Cumbaya, Tumbaco, Pifo, Papallacta, Mospa y Baeza donde nos desviamos al Norte caminito del Volcán Reventador, a donde lamentablemente, a causa de los primeros problemas mecánicos del “paseito” no pudimos llegar hasta dos días después.

¡Menudo follón!

En medio del Parque Nacional de Cayambe-Coca solucionamos una preocupante pérdida de aceite proveniente del radiador de aceite bajo la curiosa, atenta y silenciosa mirada de varios vecinos y trabajadores de la zona.

Tapamos la fuga bastante exitosamente y para relajarnos nos dirigimos a la Cascada Mágica donde fui el único que se atrevió a darse un baño, que todo sea dicho me sirvió, al menos por un rato, para limpiarme de problemas y tensiones acumuladas.

La siguiente parada fue para nuestra sorpresa, aun más espectacular que la anterior, llegando tras una breve caminata de media hora a la Cascada de San Rafael.

Una cascada de gran caudal situada en medio de un entorno natural excepcional lleno de verdes, flores de milcolores, cantos de aves, insectos y ruidos que ni el atareado Arco Iris se quiso perder.

Tras esta larga parada pasamos por los pueblos de Sevilla y Jambelí…

…antes de parar a comer y a darle un repaso al carburador, que por aquel entonces empezaba a dar problemas, y….

…llegar a Lago Agrio para allí cruzar el Río Coca en una “balsa de mentira”…

…y encaminarnos al Sur dirección Tena a donde de nuevo me costó llegar por culpa de varias paradas obligatorias a controlar un terrible sonido metálico proveniente del motor que me mantuvo con el corazón en la boca hasta que llegamos, pasado nuestro destino, al Puerto Misahualli. Donde por pura casualidad paramos a saludar en un as cabañas con nombre vasco, “Txalaparta”, conociendo así a su propietario Kepa y sintiéndonos por fin como en casa con ducha de agua caliente, cocina y tortilla de patata vasca (como la española pero con más huevos) incluida a escasos metros de la unión de los grandes ríos Napo y Misahualli.

¿Menos mal que llegamos  a cualquier sitio! Me empezaba a desesperar.

Como las playas en Esmeraldas de Súa, Sames y Atacames (muy conocidas entre los turistas) no nos gustaron ni un poquito, decidimos coger la carretera que va al interior del país y avanzar por ella con cierta prisa hasta llegar a algún lugar interesante.

Primero hicimos una breve parada en el fértil valle del Volcán Pululahua a 3360 metros sobre el nivel del mar para hacer unas cuantas fotos y un par de vídeos…

…antes de parar en el monumento de Mitad del Mundo al que no llegamos a entrar por estar este situado a unos 250m. de la verdadera  linea del ecuador. Nos pareció una estupidez, lo fotografiamos desde la distancia y retomamos el camino hacia Otavalo.

Una bonita foto en la Laguna de San Pablo…

…y por fin llegamos al mundialmente conocido Mercado donde disfrutamos como niños al darnos de narices con el festival del Inti Raymi (que coincide con nuestra celebración de San Juan) y con sus geniales bailes populares en la calle.

Después de disfrutar de los llamativos olores, colores y texturas de Otavalo por fin llegamos a Quito donde deberíamos despedirnos para que Jorge volviese a España a decirle a mi madre lo bien que me había encontrado.

Fue triste para mi la despedida ya que después de la visita de Yago y Edu en la India ningún amigo de los de andar por casa me había venido a visitar pese a que muchos prometieron hacerlo.

Además, en casi un mes de viaje juntos dentro de Naranjito, no discutimos ni una sola vez y nos reimos todo lo que quisimos.

La verdad es que fue  increible!

Y por si todo esto no fuese suficiente Jorge me dejó una mascara del Inti Raymi para protegerme en la ruta…

…y un precioso video que acabó ganando el concurso para el que fue realizado; consiguiendo mi querido amigo un viaje a Nueva York con curso de fotografía incluido como premio.

¡Muchísimas gracias neno!



Camino a la ciudad de Cuenca atravesamos Loja siendo lo que más me llamó la atención lo colorido de sus puertas y ventanas.

Cuando llegamos a nuestro destino ya era de noche por lo que siguiendo mi intuición, decidimos parar a preguntar en una casa con jardín que también era una tienda detodounpoco.

Allí nos recibió Mesias asegurando haberme visto en la televisión no hacía mucho. Esto nos abrió las puertas de su terreno para acampar, de una degustación de cuy (algo así como un ratón de laboratorio)  en la granja de su madre, y  de una primera visita al centro histórico de la  ciudad en su vehículo.

Al día siguiente después de visitar la ciudad en unas pocas horas cruzamos el difícil puerto de Cajas casi a ciegas y continuamos parando tan solo para acampar en los manglares hacia la costa, hacia la playa, hacia un destino turístico llamado Montañitas.

¿Y tanto esfuerzo y velocidad para qué?

Para llegar a una playa no muy bonita llena de turistas, de música alta, de fitness y de alcohol.

Para quedarnos ambos sin dinero y sin tarjetas a causa de un tal SISTEMA que se queda todo lo que entra en un cajero y tener que ganar dos dólares por cabeza vendiendo un arroz con leche  intragable por toda la playa durante todo el día.

Gracias a Michelín volvimos a coincidir con la familia viajera colombiana viajando en kombi y con Diego y Maru de Argentina, con los que lo pasamos mejor que bien a golpe de playa, mojitos, menús baratos, caladas verdes y cocina.

¡No nos gustó Montañitas!

Llegamos a Máncora y en un abrir y cerrar de ojos estábamos atascados en la arena. Teníamos tantas ganas de sol y sal que no nos planteamos como saldríamos de allí después del baño.

Por suerte para nosotros, un 4×4 cuyo conductor venía de surfear, nos dio un empujón y ya fresquitos pudimos buscar un camping donde  pasar unos cuantos días tranquilos disfrazándonos de soldaditos de plomo (¿qué?).

Cuando Jorge y yo ordenábamos el coche a medio día de nuestra segunda jornada allí, escuchamos una voz familiar que decía así: “¡Jorgeeees!”

Sin lugar a dudas era Lola que servía de avanzadilla a Oskar y a  su moto “La Negrita” en cada hotel y camping que veían por la zona.

Juntos, con unas cuantas cervezas frías  y un montón de historias y risas que compartir, decidimos ir a visitar las tortugas y pelícanos que a media tarde llegan al puerto vecino del Ñiuro persiguiendo a los barcos pesqueros que vuelven cargados de atunes y otros pescados.

Oskar, no pudo evitar la tentación y compró un atún que a las brasas y para cenar, nos supo a los 4 a cielo junto a una buena ensalada y a otra cerveza fría de esas que tanto abundan cuando nuestros amigos moteros están cerca.

Un día antes de volver a la carretera aparecieron en el camping tres argentinos viajando en un Dodge también con destino Alaska que liaron a Oskar y Lola para quedarse un par de días más en la playa. Nosotros, sin embargo, decidimos ser fieles a nuestro plan y partir solos a la conquista de Ecuador para no tener problemas con el vuelo de Jorge a España desde Quito en un par de semanas.

Hicimos una breve parada en la tranquila playa de Punta Sal,

cruzamos la frontera sin más problemas que un par de funcionarios inútiles,

encaramos de nuevo la cordillera de los Andes esta vez por caminos de tierra y barro,

fotografiamos árboles gigantes y extraños a pie de carretera,

atravesamos el pueblo de El Naranjo donde nos invitaron a todo tipo de frutas y dulces desconocidos para nosotros,

buscamos y charlamos con los famosos longevos de la zona,

regateamos al Arco Iris,

y tras dos días de viaje ininterrumpido llegamos a Vilcabamba donde nos pusimos las botas y nos echamos a caminar hasta que llegamos a la cima del Cerro Mandango unas cuantas horas después.

Después de este agradable paseo por las alturas y de compartir nuestro tiempo y nuestro espacio con tanto longevo, quizás se nos haya pegado algo y sin saberlo hayamos estirado nuestra vida unos cuantos meses e incluso años compensando así tanta cerveza días atrás.

¿Quién sabe?

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