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Archivo de la etiqueta: Honduras

Atravesé en un par de horas Honduras sin que los más que negativos presagios de otros viajeros sucedieran. Es sabido que la policia hondureña y sus carreteras son igual de malas. Pues bien, ni una cosa ni la otra. La policía me paró dos veces y ambas fue tan solo para pedirme hacer una fotografía de mi “Naranja Rocinante”, y las carreteras, a ver, no es que sean buenas, pero tan tan malas no son, al menos para Naranjito que ya corrió por Laos, India, Georgia, Bolivia, Iraq, Pakistán y algún otro país donde las carreteras las diseñan niños y las mantienen monos.

Con la fronteras nos sucedió algo parecido, tanto Honduras como El Salvador fueron lentas pero en ninguna vi la corrupción extrema de la que tanto se habla. Honduras nos salió caro con tanto permiso y El Salvador lo agarramos ya cuando caia la noche por lo que buscamos una buena gasolinera donde descansar cerca de la ciudad de San Miguel donde ya los trabajadores nos pusieron sobreaviso con el tema de las maras y sus malos mareros.

Comenzamos la noche durmiendo debido al calor sobre las colchonetas en el mismo suelo y a media noche tras la aventura de una cucaracha sobre mi cara pasamos a la tienda donde casi salimos cocinados unas horas después. Lo mejor de esas primeras horas la comida, las miradas y la charla de la familia que nos sirvió la comida desde la ventana de un segundo piso en el edificio contiguo  ala estación de servicio.

Para refrescarnoslimpiarnosyolvidarlaexperienciadelacucaracha paramos en los termales de Moncagua donde establecimos a la sombra de unos árboles abarrotados de pájaros guardabarrancos  (ave nacional en Nicaragua y muy popular en la zona) la ruta a seguir en los próximos días por las carreteras salvadoreñas.

La primera parada la establecimos a 4 horas de viaje en Suchitoto, pero después de estar perdidos durante horas en la carretera de la “Ruta de las Artesanias” llegamos  a la bonita y tranquila localidad con  el tiempo justo de pasear, cenar y arreglar la excursión del día siguiente a la cascada de Los Tercios.

A las 8 de la mañana ya nuestra escolta policial (el problema de las maras es algo serio en la zona) estaba lista para llevarnos en su 4×4 hasta la casacada. Atravesamos varias aldeas por el camino y de repente sin saber como sucedió nos vimos envueltos en una detención espontánea. Un marero con cara de supersupermalo, salió corriendo de detrás de unas casa y en cuanto vió la camioneta se paró y puso ambas manos sobre la cabeza esperando a que la pareja de cuidadores llegase asta el a gritos para buscar que era lo que llevaba encima.

Cuando llegamos a la cascada nos dimos cuenta de que esta estaba seca por ser la temporada seca. aún así, la experiencia mereció la pena por lo increibles de las formas de sus rocas (que parecen pilares hechos a mano). La naturaleza allí nos dejó a  ambos sentaditos sin hamblar un buen rato, hasta que uno de los policias se cansó y desde el otro lado de la formación rocosa nos pegó un solvido acompañado de un además con la mano que rápidamente tradujimos como “vamonos ya”.

El resto del viaje por El Salvador, a penas 3 días más, los pasamos disfrutando poquito tiempo de muchos lugares como la Ruta de las Flores en las montañas vecinas a Guatemala a donde llegamos en un abrir y cerrar de ojos. Las ganas de ir un poco más rápido de los últimos meses por fin se ven realizadas y cada día desde hace ya unos cuantos avanzamos con buena letra y los ojos bien abiertos hacia Mexico, donde de nuevo tocará parar un poco a digerir lo vivido en estas frenéticas semanas.

La dinámica en Guatemala fue básicamente la misma, conducir mucho sin descuidar nada en la ruta.

Así llegamos a Antigua para reunirnos con Gabi y Juan y tras disfrutar de esta tan agradable ciudad por tres dias partimos hacia Guatemala ciudad donde dormimos en el comedor del concesionario Citroen mientras a Naranjito le dábamos unos mimos junto a un ahora buen amigo y desde hace ya tiempo seguidor del blog, Pablo Emilio Mendez, el encargado de colocarnos la pegatina con la bandera de su país.

Tras un par de días más de carretera  pasando por el Lago Atitlán, pude cumplir por fin el sueño de llegar a Mexico y poder enchilarme a gusto con su sabrosísima comida….

Manu, Naranjito y yo nos marchamos  de  Río Celeste en Costa Rica para llegar en un día de viaje  a otra nueva casa del camino, el Hostal Esperanza en la turística localidad costera de San Juan del Sur, ya en Nicaragua. Un hostal a escasos metros de la costa y con butacas en primera fila para el atardecer y  regentado por una familia de lo más hermosa recomendada tiempo atrás por un buen amigo en común.

Pablo, Laura y yo nos volvimos buenos amigos al instante y al poco tiempo llegamos al acuerdo de intercambiar alojamiento por trabajo, en este caso de nuevo un mural en un muro blanco del patio interior de la residencia.Es siempre mucho más fácil y más rápido cuando hay de por medio un buen amigo en común e incluso un país o una ciudad que compartir, y teniendo en cuenta que Pablo es también de  A Coruña…

A los pocos días, en cuanto llegaron el francés Cha Cha, el uruguayo Juan y el argentino Gabi, el equipo se terminó de formar y el espectáculo pudo continuar.

Cenas multitudinarias  bañadas en alcohol, músicas del mundo para dar y tomar, risas de todos los colores, cumpleaños felices, bailes y taconeos, sustos, un poco de surf, mucha pintura y mucho mucho  color, nos sirvieron de introducción a una Semana Santa desagradable que nos expulsó sin piedad para no tener que lidiar con borrachos violentos tirados por todas partes, peleas y suciedad desproporcionada que llegó desde todos los puntos cardinales del país.

Un par de días antes de que todo estallase definitivamente, terminé el mural y el equipo partió quedándose Manu atrás con la guitarra en una mano y la gorra en la otra. Para él una masa semejante consumiendo en bares y restaurantes es sin duda una oportunidad única para sacar un buen billete en poco tiempo. Como algunos dicen en mi pueblo, “la sarna con gusto no pica”.

Otra vez más, los muy buenos amigos se deben quedar atrás con la promesa del pronto reencuentro. Compartir con  la famila surfera de Pablo, Laura y la superenana Janita, fue para mi como volver a casa por un os dias. Escuchar mi acento, cotillear de amigos lejanos y no tan lejanos, comer tortilla hecha por otros, dar una primera y terrible lección de surf, etc.

No es de casualidad que el Hostal que también es su casa y también desde ya la mia, se conozca como el “Hostal Esperanza”.

El francés Cha Cha (que ya había conocido en Montezuma-Costa Rica) se unió a Naranjito, mientrás que Gabi, Juan y la argentina Brenda se subieron a un autobús que los llevó a nuestro encuentro en Catarina, un pueblo precioso en uno de los balcones de La Laguna de Apoyo cercana a Granada donde el abuelo Carlos se acercó para preguntar por el coche y terminó guiándonos a un terreno donde podríamos acampar unos días compartiendo con su extensa y humilde  amigable familia. Era el comodín que necesitábamos para pasar tranquilos tan estresantes fechas.

 

Junto a esta humilde y generosa (en todos los sentidos) familia, pasmos una semana de frutas recién cogidas y charlas a los pies del fuego donde por fin pudimos conocer la cultura popular y la historia de un pais tan fascinate como es Nicaragua.

Charlamos sobre la Revolución y sobre la Contrarevolucion, sobre Sandino y sobre el sandinismo, sobre economía, gastronomía, religión, educación y sobre muchos otros temas no menos importanets que ahora no consigo recordar.

Todos y cada uno de nosotros aprendió mucho, esto sí me atrevo a decirlo, tras el poco tiempo compartido con estos profesionales del respeto y las buenas maneras. Con estos amigos del camino.

Tras la dura (como siempre) despedida todos nos separamos para escoger distintos caminos camino a Antigua en Guatemala.

Cha Cha y yo nos fuimos rodando despacio primero por Granada,

después por León,

y más tarde por Honduras (tan solo 3 horas de mala carretera y no demasiada policia) hasta que entramos en….

….El Salvador, pais que nos tomamos con un poquito más de calma aunque sin perder el buen ritmo de los últimos dias de viaje.

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