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Justo antes de salir de la ciudad de Puno, a orillas del Lago Titicaca, me encontré de nuevo con aquel locolindoitaliano que recorre América en Vespa y con el que compartí poco más de tres o cuatro fotos en La Quebrada de La Concha en Argentina meses atrás.

Esta vez y después de charlar un buen rato sobre planes a muy corto plazo decidimos hacer unos cuantos Kilómetros juntos y a nuestro ritmo.

Tanto llamábamos la atención que la policía no tardo ni 5 minutos en venir a curiosear llevándose la peor parte mi compañero Ilario por estar este más a su alcance. Gracias a que teníamos todos todo en regla después de unas cuantas preguntas típicas y de mostrarles el motor de Naranjo, pararon el tráfico y pudimos escapar con una gran sonrisa de enfado en la cara.

Tú me adelantas,

yo te adelanto,

tú me saludas,

yo te hago una foto y así durante todo el día.

Si os digo la verdad, nos lo pasamos de carallo. Yo personalmente cada vez que veía a esta cómica pareja por alguno de los ángulos que ofrece Naranjito me cagaba de risa (esta frase es un recordatorio a mi querida Argentina).

Es bonito sentir que uno no esta solo en esto, que somos muchos los “locos”.

La primera localidad en la que paramos fué Pukará, famosa por su cerámica y también por su obsesión con el toro; lugar donde Naranjito y yo cumplimos los 80000 Km juntos, que se dice pronto.

Tras Pukará vino el paso de La Raya a 4335 m.s.n.m. acompañado de un espectacular Arco Iris que sin previo aviso nos presento a la Madrecita Luna.

Para pasar la noche al resguardo de la pesada niebla decidimos acampar debajo de un trailer en una gasolinera a escasos kilómetros de Racchi, localidad que visitamos a la mañana siguiente haciéndo incapié en las ruinas del Templo de Wiracocha, el primer sitio arqueológico inca que visito en profundidad, y que por supuesto hizo que quisiera más.

En Tinta paramos para conocer la historia de Tupac Amaru y su revolución …

…y el puente colonial de Combapata …

… antes de llegar al plato fuerte de la jornada en Machu Pitumarca. Unas ruinas Incas apodadas como “El Segundo Machu Pichu de Perú”.

Antes de llegara Cuzco paramos en la Iglesia de San Pedro para fotografiar sus famosos frescos por los que esta Iglesia es conocida como “La Capilla Sixtina de América”.

Por último y para siempre decir que desde el día de hoy me considero un enamorado de las culturas inca y preincas de Perú. ¡Cuantísima información en tan solo dos diías!

Caroline, una joven canadiense que conocí en Arequipa decide acompañarme en el siguiente tramo de viaje. Volvemos a Tacna para recoger el esperado documento compro el Seguro Obligatorio Peruano  y junto a Naranjito nos decidimos a cruzar de nuevo la cordillera de Los Andes.

El camino no defrauda pese a que conduzco 12 horas seguidas llegando de nuevo a los 4000 m.s.n.m . ¡Menos mal que todavía tengo hoja de coca carajo!

En la frontera con Bolivia todo es rápido pero feo; un militar gordo y sudoroso vistiendo un uniforme sucio y gastado  me pide una colaboración con los oficiales de servicio. Cuando me niego, me pregunta si estoy seguro de lo que hago mientras me amenaza con la mirada y el tono.  Como es mi primer día en este nuevo país y aún no se cómo funcionan las cosas en sus carreteras le digo que el problema es que no tengo moneda local pero que en dos o tres días volveré a cruzar por la misma frontera ya con “el donativo” listo. Por supuesto todo mentira.

El camino entre la Aduana y el pueblo de Copacabana lo hacemos a oscuras pero gracias a la luna grande de estos dias conseguimos ver claramente el sagrado Lago Titikaka. La emoción de estar cumpliendo otro sueño se adueña del equipo y por si esto no fuera suficiente al parar en el primer hostel para preguntar precios veo que un acara conocida se asoma por la ventana. ¡Oskar y Lola se alojan en el mismo lugar desde hace ya 2 días! No os podéis imaginar qué contento me puse al ver a estos buenos amigos así, de sorpresa.

Los cuatro juntos dedicamos un par de días a pasear por la tranquila localidad costera viviendo como reyes debido a los bajísimos precios de Bolivia que en ocasiones incluso me hicieron recordar a India. 5 dólares al día fue mi presupuesto para ello.

El Jueves Santo todo cambió. Miles de peregrinos comenzaron a llegar en auto, a pie y en bicicleta desde todos los rincones del país y las calles se llenaron de puestos que vendian y ofertaban todo lo que uno se pueda imaginar y mucho más.

Oskar y yo contagiados por el amor nacional a la Virgen de Copacabana decidimos bendecir nuestros autos para asegurarnos una tranquila estadía dentro de las fronteras Bolivianas. El problema fue que tras comprarle a las cholitas todos los adornos y ofrendas florales, el párroco, se nego a finalizar el ritual con su agua sagrada por exceder la hora 5 minutos del horario dedicado a las bendiciones.

“Es turno para las monjas” dijo el joven con todas las papeletas para ser cura en el futuro.

Este suceso no hizo más que provocarnos una larga carcajada al mismo tiempo que ambos reafirmábamos un poquito más nuestra ya sólida  opinión sobre la Iglesia Católica y su manera de proceder.

Para volver a las buenas energías del Lago Sagrado Inka, decidimos relajarnos visitando la costera Cominidad de Sicuani, pequeña población campesina donde todavía  se pueden observar funcionando las instalaciones e infraestructuras inkas para el manejo del agua y situada justo en frente y casi a tiro de piedra de la Isla de la Luna donde Oskar nos contó mil y una historias del  “viejo” Imperio y su creencia de que la vida había surgido tiempo atrás de las mismas aguas de las que ahora nosotros podíamos disfrutar.

El punto álgido de las celebraciones se dió el Viernes Santo con las aburridas y pobres procesiones que llevaron un cristo y una virgen a pasear por las abarrotadas y coloridas calles  de la transformada localidad sin demasiados seguidores.

Había más gente comiendo”chicharrón de cerdo” que pendiente de los salmos y cánticos que respaldaban el  comité religioso.

Una vez conocimos todo lo que queríamos de la zona y una vez celebramos en un restaurante de lujo (pagamos unos 3 dólares por cabeza) mi cumpleaños número 28, decidimos salir en equipo rumbo a la ciudad-colmena de Nuestra Señora de La Paz.

Tres días en Tacna fueron suficientes para darme cuenta de que el nuevo carnet de conducir internacional que volaba desde España de nuevo se retrasaría más de lo esperado. ¿Solución?, visitar la Ciudad Blanca de Arequipa, la segunda en tamaño después de Lima y la primera de la nación en cuanto a ideas nacionalistas y separatistas (tanto es así que estan promoviendo el pasaporte arequipeño).

Decidí viajar en autobús para así darle un más que merecido descanso a mi sufrido compañero y en el primer control militar de los numerosísimos del trayecto me dí cuenta de que me había olvidado el pasaporte sobre el asiento del copiloto. Tuve suerte y llegue a la estación central de Arequipa sin que ningún policía, militar o aduanero me dirigiese la palabra.

Busqué un hostel económico y comencé a explorar.

El nombre de “La Ciudad Blanca” viene dado por la común utilización  de la piedra volcánica sillar en las construcciones del centro histórico de la ciudad. La presencia de este material tanto en suelos como en muros da una agradable impresión de orden y limpieza  que hace que uno pueda pasarse horas y horas perdido por sus calles y plazas sin temor a que pase el tiempo y dejándose impresionar por los tres “matones” de la zona, los volcanes MistiChachaniPichu Pichu que siempre desde la distancia vigilan que todo funcione en el valle.

En las concurridas calles del centro histórico se puede encontrar además de un más que reconocido y abundante patrimonio arquitectónico colonial, una gran cantidad de restaurantes internacionales, demasiadas franquicias americanas, heladerías, cafeterías para todos los bolsillos, chicas y chicos locales guaposymodernos, y un ejército de turistas que se mezclan casi sin tocarse con un numeroso grupo de indígenas que bajan de las montañas y de los campos en busca de  “un futuro mejor”.

Al dormir esta vez en un dormitorio compartido en pocas horas pude hacer algunos amigos con los que recorrer la ciudad. Mi lugar favorito como casi siempre, el mercado, donde se puede comer un menú de dos platos y bebida por 2,5 soles mientras en el piso de abajo cientos de carnicerías fruterías verdulerías y “juguerías” gritan sin medida intentando llamar la atención de los clientes.

Es de obligada visita el Monasterio Ciudadela  de Santa Catalina, fundado en 1579 y que permitirá al visitante perderse en las calles del tiempo mientras conoce el estilo de vida de las novicias de la época.

La visita al Cañón del Colca la dejé para otra ocasión por falta de presupuesto.

Mi primer destino en Peru fue Tacna donde una familia belga formada por Jeff, Ben y Valentin, con la que contacte a traves de www.couchsurfing.org me invito  a su casa sin pensarlo y me introdujo de manera sobresaliente la cultura peruana que ya se encontraba delante de mi.

En esta no demasiado bonita ciudad probe por primera vez el ceviche,

visite historia hecha  a mano,

y pasee todo lo paseable a causa de toda esa energia que te brinda el llegar a un pais nuevo.

Sali en plena forma de Calama gracias a la ayuda de su club y no tarde en llegar a la costa donde encare la ruta hacia el norte bien pegadito al mar y tambien al desierto.

Durante todo el camino entre Tocopilla e Iquique mis anonadados ojos no se cerraron nisiquiera  para pestanear.

El del dia de hoy ha sido uno de los recorridos mas increibles que consigo recordar.

Gracias Pacha Mama!

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