Miércoles 28 de Abril.

Tardamos tan solo unas horas en llegar a La Paz (que más bien es una guerra) después de atravesar el lago Titikaka en una precaria y rota barca y de pasar a la altura de gigantes cumbres nevadas que desde la distancia y a gritos nos quisieron saludar y dar ánimos.

Oskar y Lola como siempre nos escoltaron durante todo el camino y una vez llegamos al centro de la granciudad nos dejaron descansar en una sombra para ellos, más rápidos y ágiles y jóvenes, buscasen un hotel barato donde pasar un par de noches.

Paseamos poco, comimos mucho, nos reímos todo lo que pudimos y por segunda vez celebramos mi cumpleaños.

Decir si La Paz me gustó o no, sería muy complicado. Es cierto que es una ciudad única y muy interesante, pero tanbién es cierto que el urbanismo y las cantidades de gentes desproporcionadas por sus calles agobian hasta al más pausado peatón; eso sin contar que a causa de estar situada en las alturas de Los Andes, por sus calles apenas corre el oxígeno tan necesario para subir cuestas que parecen no tener fin.

Po esta vez me conformo con tacharla de lalista y decir que “yo estuve allí”.

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