Miércoles 18 de Mayo

A paso de vehículo viejo y mucha foto llegamos a Ollantaitanbo donde tras buscar alojamiento durante un buen rato caimos en un centro espiritual donde el único trabajador, Carlos, nos ofreció dejar allí todas nuestras cosas durante la expedición al Machu Pichu.

Con el mismo plástico tapamos el coche y la moto y tras despedirnos de ambos con una larga y preocupada mirada  partimos hacia  el lugar turístico más visitado del mundo entero.

Para evitar los elevados precios del único transporte que llega directo a Aguas Calientes, el Perurail, nos subimos primero a una mototaxi que nos llevó a la plaza del pueblo donde enlazamos en poco tiempo con un autobús local con destino a Santa María. Esta parte del viaje sentados ambos en el pasillo durante horas con gentes y bolsas y animales metiéndosenos en las fosas nasales y a gran velocidad a tan solo centímetros de un precipicio fue sin lugar a dudas la peor del día. Pase mucho miedo.

Por suerte, a unas dos horas de Santa María se bajaron dos señoras gordísimas y conseguimos sentarnos y disfrutar de las hermosas vistas antes de llegar a nuestro primer destino, comer algo en un restaurante familiar y subirnos a una pequeña furgoneta que a una velocidad totalmente desmedida siempre a escasos metros del río nos dejo donde termina la pista en la central de Perurail, donde comenzamos a caminar siguiendo las vías.

Ilario intentó en varias ocasiones parar el tren sin demasiada fortuna mientras que los cientos de turistas sentados cómodamente en su interior nos miraban y señalaban como si de animales autóctonos se tratase.

Para mí el paseo mereció un millón de veces la pena gracias a la increíble naturaleza que nos rodeaba y de la cual pudimos disfrutar por viajar (como solemos hacer) a escasa velocidad y tiempo para pararnos a contemplar.

En un momento dado y sabiendo que nos jugábamos la vida haciéndolo cruzamos un puente no apto para viajeros con vértigo y sin vía de escape en el caso de la llegada de un tren.

Y ya cuando el sol se retiraba a dormir llegamos a Aguas Calientes donde conseguimos gracias a una tarjeta de periodista falsa de mi compañero un precio ridículo con desayuno incluido en un hotel de mochileros en el que nos trataron como a reyes.

A la mañana siguiente después de cenar una pastamadeinitaly e irnos a dormir temprano, comenzamos el ascenso a las 4 de la mañana para ser uno de los primeros 400 en llegar a la taquilla del recinto y conseguir el pase para el Guaina Pichu antes de que todos los turistas en autobús llegasen colapsando la entrada.

Nos esforzamos en ello y lo conseguimos con creces.

Yo llegué de número 36 e Ilario de 50 apróximadamente por lo que ambos disfrutamos del amanecer ya con la doble entrada en la mano.

Llegaron los autobuses, el ruido, el caos, el sol y la apertura de puertas con la que ambos nos quedamos boqueabiertos. Por muchas fografias que vea uno en la pantalla de su ordenador jamás podrá sentir lo que se siente al verlo con sus propios ojos, escucharlo con sus oidos y tocarlo con sus propias manos.

Es un lugar mágico. Espectacular. Lleno de energía.

(zona de viviendas)

(ahí estoy yo recién llegado al Machu Pichu con el macizo rocoso de Guaina Pichu al fondo)

(las llamas pasean por el jardín a su antojo)

(terrazas para cultivar y dar estabilidad a la ciudad sagrada)

(piedra con 32 lados!!)

(vista desde el Guaina Pichu)

(carretera para autobuses)

En total pasamos 10 horas paseando por las instalaciones de la antigua  Llaqta  (antiguo poblado andino inca) construida a mediados del  siglo XV y que gracias a que sus antiguos habitantes destrozaron las vías de acceso los españoles de calzonzillos métalicos no pudieron descubrir y destruir.

¡Menos mal!

Los dos nos emocionamos en varias ocasiones y aprendimos todo lo que pudimos de las explicaciones realizadas por los guías de los numerosos grupos en los que nos colamos por tramos siempre discretamente.

Disfrutamos, hicimos cientos de fotos, pasamos hambre y sed y cuando ya no podíamos más volvimos por donde habíamos venido.

Una experiencia maravillosa. Necesaria en cierto modo e inolvidable. Un sueño bien real. La guinda al pastel del Valle Sagrado.

Aunque por otro lado, simplemente un tramo de nuestro viaje.

Un fuerte abrazo.

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