Sábado 2 de Julio

Ni siquiera  cuando Jorge se fue me dio tiempo a sentir esa soledad tan cruel que te cuelga del cuello el decir adiós. Aparecieron Oskar y Lola para cogerme de las orejas, cambiar mis planes y escoltarme hasta la Amazonia.

Sin duda son ángeles venidos del infierno  (en el cielo se aburrirían) para cuidar a uno en sus loco (y escogido)  camino.

Atravesamos Los Andes. Cumbaya, Tumbaco, Pifo, Papallacta, Mospa y Baeza donde nos desviamos al Norte caminito del Volcán Reventador, a donde lamentablemente, a causa de los primeros problemas mecánicos del “paseito” no pudimos llegar hasta dos días después.

¡Menudo follón!

En medio del Parque Nacional de Cayambe-Coca solucionamos una preocupante pérdida de aceite proveniente del radiador de aceite bajo la curiosa, atenta y silenciosa mirada de varios vecinos y trabajadores de la zona.

Tapamos la fuga bastante exitosamente y para relajarnos nos dirigimos a la Cascada Mágica donde fui el único que se atrevió a darse un baño, que todo sea dicho me sirvió, al menos por un rato, para limpiarme de problemas y tensiones acumuladas.

La siguiente parada fue para nuestra sorpresa, aun más espectacular que la anterior, llegando tras una breve caminata de media hora a la Cascada de San Rafael.

Una cascada de gran caudal situada en medio de un entorno natural excepcional lleno de verdes, flores de milcolores, cantos de aves, insectos y ruidos que ni el atareado Arco Iris se quiso perder.

Tras esta larga parada pasamos por los pueblos de Sevilla y Jambelí…

…antes de parar a comer y a darle un repaso al carburador, que por aquel entonces empezaba a dar problemas, y….

…llegar a Lago Agrio para allí cruzar el Río Coca en una “balsa de mentira”…

…y encaminarnos al Sur dirección Tena a donde de nuevo me costó llegar por culpa de varias paradas obligatorias a controlar un terrible sonido metálico proveniente del motor que me mantuvo con el corazón en la boca hasta que llegamos, pasado nuestro destino, al Puerto Misahualli. Donde por pura casualidad paramos a saludar en un as cabañas con nombre vasco, “Txalaparta”, conociendo así a su propietario Kepa y sintiéndonos por fin como en casa con ducha de agua caliente, cocina y tortilla de patata vasca (como la española pero con más huevos) incluida a escasos metros de la unión de los grandes ríos Napo y Misahualli.

¿Menos mal que llegamos  a cualquier sitio! Me empezaba a desesperar.

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3 comentarios
  1. oskar y lola dijo:

    Buenos momentos!!! un abrazo compadre ya tenemos ganas de verte y no creas que te lo digo por el Jamon que llevas en la mochila!!!
    Un abrazo
    Oskar,Lola y La negrita

    • Jorge Sierra dijo:

      “…nos volveremos a ver, por que siempre hay un regreso, por eso, contar con esto, pongo mis manos en el fuego por vos….”

  2. Diego Lo Molle dijo:

    Mas Birra para esta gente Hermosa!

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