Martes 17 de Enero

En mi vuelta a la realidad naranja todos los temores sobre el traslado en barco mediante Ro-Ro se hicieron palpables. En alguna parte de la cadena que trajo el coche desde Cartagena de Indias a Colón, este fue patéticamente asaltado.  Se llevaron un par de recuerdos colgados, una navaja y varias herramientas más, un anillo y un par de pendientes que  olvidé  guardar en la caja de seguridad.

No fue tan mala la idea de organizar todo el interior pensando en un posible robo.  Todo lo de valor o en la caja de seguridad bajo llave o en el velero conmigo fue la estrategia que tan buen resultado me dio. Como dicen mis amigos colombianos, “no hay que dar papaya”.

Eso sí, del enfado y los gritos nadie se libró en las aduanas del puerto donde recibí  el coche totalmente revuelto. Se van a acordar de mi al menos por unos días, os lo aseguro.

La llave de contacto la arrojaron y maltrataron los torpes “cacos”  por lo que  para poder salir de ese infierno lo mas rápido posible hice un puente y me salí por la tangente.

Robé mi propio coche…

… y recorrí despacio pero firmemente y ya “desinfectado”, las varias horas de carretera hasta Panamá City parando únicamente en una gasolinera a repostar y a dar un agua a la salada carrocería. Vi de lejos la gran urbe que tan poco me apetecía  en esos momentos y realicé la segunda parada técnica en las Reclusas de Miraflores  del famoso Canal.

Allí, desde el tercer piso de una de las terrazas con menos turistas, pude disfrutar de la genial infraestructura al cruzar delante de mis atónitos ojos un carguero inmenso desde Pacífico al lago artificial de Miraflores en un tiempo mucho menor al que yo imaginaba. Lo complicado que uno lo concibe y lo fácil que parece desde allí! Manda carajo!

El resto del viaje y debido imagino a la cantidad de adrenalina acumulada pasó volando hasta que a media tarde llegué a la estación de bomberos de Guararé para pedir hospedaje.

No solo no se negaron sino que después de cenar se formó un comité turístico que me aconsejaría qué hacer y qué no hacer los días siguientes. Qué carreteras coger y cuales no. Dónde comer y dónde dormir. Qué monumentos visitar y qué personas y personajes escuchar.

Y así, gracias a los consejos de estos valientes al servicio de los bosques llegué a la Enea para en el minuto uno darme de frente con Nayda Vergara, una alegre anciana que me enseñó durante toda la mañana la artesanía más famosa de la región y casi que de Panamá, las laboriosas polleras que visten desde hace cientos de años a las  panameñas en las fiestas y datas importantes.

Nayda me paseó por el pueblo parando casa por casa y aprendiendo del trabajo de cada una de sus compañeras que alegremente emprendian el trabajo para que el llamativo turista pudiese preguntar, fotografiar y grabar a su antojo.

Visitamos las casas de unas 5 señoras dejando para la última parada y despedida su casa, donde mi guía improvisada me enseñó su parte de trabajo (la necesidad de tantas manos sube el precio de las polleras a unos 7000 dólares por unidad) en la fabricación de la prenda típica así como las camisas que con la misma técnica le borda a su hijo para que vaya a conquistar chicas el fin de semana.

Fue una mañana mágica que terminó con un gran beso y un gran abrazo. Justo lo que necesitaba para engañar a mi enfado , cambiar mi estado de ánimo  a receptivo-positivo y darle una nueva oportunidad a Panamá.

A partir de este momento, de nuevo, todo comenzó a salir a pedir de una boca, la mia.

Siguiendo los consejos de Oskar y Lola primero, y después de mis amigos los bomberos, llegué tropezando a la playa de Cambutal donde directamente fui a visitar a unos chicos vascos que regentan un hotel en la colina desde hace 5 anhos.  Charlamos un buen rato de esto y de aquello y decidimos realizar un trueque con el paso de los días fue evolucionando.

La idea inicial era cambiar unos diseños por alojamiento y comida. Pero tras una noche en una cama de lujo volví a  a la comodidad de la tienda, esta vez en la cocina de la cabaña alquilada por Xavi y Alba, dos grandes de la carretera para así cambiar el trabajo por dinero.

En realidad…..todo fue algo mas complicado, creo.  Pero bueno, la conclusión sigue siendo la misma así que….

 

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3 comentarios
  1. Carlos Humberto Plata Sepúlveda dijo:

    Tenaz Jorge! Me alcanza a dar miedo solo imaginar su estado de rabia profunda… Pero bueno! Superado todo, vendrán días de paz y diversión como siempre lo ha sabido hacer. Un abrazo mano y mucha fuerza para Naranjito.

  2. Javier Tejada dijo:

    Jorge, sos un ejemplo de vida… si lo sos! Con el simple echo de ir por el mundo cumpliendo tus sueños, anhelos, “locuras” como le quieran llamar. Sos el motor de muchos de nosotros que seguimos sentados en casa mirando como el tiempo pasa y no salimos a conquistar nuestros sueños.

    Soy de Argentina, Mendoza tierra del Sol y el buen Vino, si llegas a venir algún día para estos pagos avísame que con gusto te vamos a recibir.

    Te deseo lo mejor para tu viaje por el mundo y sobre todo de seo mucha mucha FE en ti!

    Un fuerte abrazo Javicho!

  3. Hola Jorge, la verdad que en un viaje tan largo y aventurero como el tuyo cabe la posibilidad de un robo. Por suerte esta vez lo minimizaste pero no bajes la guardia,compadre. Un abrazo y a seguir, que buenos vientos te guiarán. Saludos.

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