Lunes 6 de Febrero

Después de cobrar unos cuantas decenas de dólares por el trabajo de Cambutal, me dirigí a Boquete para despedirme del país gritandole gracias desde lo más alto en la montaña.

El pueblo, de mucha reputación entre los turistas, me decepcionó bastante al parecerme una barata sucursal norteamericana, un simple decorado. Una tienda de disfraces pasados de moda.

Carteles únicamente en inglés, tiendas con ropas militares, autobuses escolares al estilo Simpsons, hamburguesas y hot dogs por todas las esquinas. Un desastre!

Pero no todo fue negativo, como suele pasar. Allí, en la plaza del pueblo me encontré con un grupo de vehículos viajeros con los que compartí un par de días de cuentos al fuego lento antes de partir hacia la nueva frontera.

Tenía muchas ganas de Costa Rica y de su “Pura Vida” así que corrí muy despacio por sus malas carreteras destino de la Península de Osa y de la bahía de Drake, lo cual fue en principio, todo un fracaso.

Tres ríos cada cual más caudaloso que el anterior, muchas subidas y bajadas , una cantidad desfasada de polvo y mierda y un calentón y pequeña perdida de control  nos hicieron cambiar de opinión a la fuerza y volver por el camino ya recorrido hacia el asfalto y hacia el plan B en Puerto Jimenez.

Aunque una vez conseguimos llegar al nuevo destino en Playa Platanares el camino volvió a empeorar, conseguimos un tranquilo lugar para poner la tienda en la entrada de la casa  en venta de una familia local rodeada de monos y tucanes y lapas y bichos.

En la mañana apareció la mágia de nuevo y  se  presentó  Andrei para invitarme a su casa en primera linea de playa. Acepté y junto a su preciosa familia pasé dos días muy especiales dedicados a tomar agua de coco, a la pesca sin peces, al arroz con habichuelas y a la búsqueda de aves exóticas y monos junto al pequeño Engel Isuá.

El Momento de continuar llegó y comencé el ascenso por la carretera del Pacífico. Playa a playa y tucán a tucán fui avanzando bien despacio hasta que me encontré con Playa Dominical.

En un principió pensé en parar a descansar una sola noche por la cercanía al atardecer pero cuando pasé por la iglesia y la familia que la cuidaba me invitó a acampar en su terreno y mostrarme la zona me regalé un día más para buscar sin éxito un oso perezoso o un cocodrilo.

De ahí en adelante, una lubricación fallida y un arreglo de aro y una rotación de neumáticos,

, una familia de cocodrilos que se repartieron un ave delante de mis narices,

y un ferry hacia la Península de Nicoya donde de nuevo el viaje tomó un giro inesperadamente hermoso….

 

 

 

 

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